Camilo “Mango” Torres: Un jugador que se hizo dealer para adueñarse de la baraja

  • Jorge  LoaizaJorge Loaiza
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Con nombre de prócer de la historia nacional, este dealer proveniente de la ciudad de Bucaramanga es también un asiduo jugador que deja en evidencia que el póker también se aprende cuando se analiza lo que otros hacen con sus fichas. Perfil de un dealer con carisma, que participa en las partidas desde el centro de la mesa.

El dealer es el único participante en una mesa de póker para el que las 52 cartas de la baraja representan outs. Toda combinación de ellas le resulta favorable. Mucho más si la pareja de cartas que completa el juego ideal con las cinco visibles en el board está en posesión de un deportista generoso, que no tenga reproches en ofrecer una propina a las manos que han favorecido a la suya. Aunque no todo es color de rosa en este oficio. El rigor de estar concentrado en tareas de minuciosa atención, como el barajado, la asignación de los turnos, el cobro de antes y de ciegas, el aumento de los niveles y hasta los pedidos de bebidas, alimentos y complacencias musicales de los clientes, a menudo sólo recibe la antirecompensa del insulto, la mirada poco amistosa del jugador derrotado o la crítica intolerante de aquel que a su vez se siente el jefe de personal del club o casino en el que se le acoge para que pueda divertirse.

Todo eso lo vive a diario en carne propia Camilo Torres Caballero, dealer del club As de Espadas, de la ciudad de Medellín. Más conocido entre los socios que habitualmente visitan este espacio de competencia deportiva como “Manguito”, Camilo es distinguido por su aire extrovertido, la dinámica con la que maneja las mesas, la agilidad de sus manos y su tono un tanto agudo de voz, que sumado a su particular mixtura del acento santandereano que le es nativo, con el paisa que ha ido adoptando después de años de vivir en la capital antioqueña; configuran rasgos inconfundibles que hacen que cualquier jugador tenga de él una impresión casi imborrable en su memoria.

Camilo es una especie de “dandi” del barajado. Su rostro sobresale por una amplia sonrisa, que a veces se dibuja bajo el contorno de una incipiente barba tipo candado. Su figura tiende a ser atlética y suele lucir el pelo bien engominado, con un aire de frescura casi inquebrantable. La confianza que se tiene entre sus clientes frecuentes le permite entablar diálogo con ellos mientras conduce la partida. Es malo (por no decir pésimo) para guardarse sus comentarios sobre la forma en que se juega una mano. Por momentos llega a ser casi un analista de las acciones en desarrollo entre las apuestas. Un jugador que ha preferido situarse en el centro de la mesa para garantizar que las fichas de cada pozo, al menos por un instante, le pertenezcan.

A Camilo se le atribuye también un mágico poder de transformar una mano ganadora en una derrotada en múltiples situaciones, cada cual más inverosímil. Cuando después de aceptar el all in del villano, el héroe favorecido por las manos de “Manguito” enseña confiado las cartas con las que flopeó un color y su oponente le muestra simplemente un over pair que ni siquiera incluye el proyecto a un color mayor, el protagonista de nuestra historia se las arregla para que la próxima carta vista sea una pareja en el board que le dé misterio al desenlace de la jugada. Y para el river, en lugar de clavar la tercia que le haga justicia al par que iba adelante desde antes del flop, Camilo logra el out todavía más inaudito para cambiar el destinatario de las fichas: un trío queda expuesto en el board para que los dos corazones del jugador que celebraba inicialmente queden tan paralizados como el que se antoja de dejar de latir en su pecho.

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Camilo Torres en ejercicio de su oficio como dealer en el club "As de Espadas"

Camilo se inició en el oficio de dealer hace ya 5 años. Antes de ejercerlo, trabajaba en un local de videojuegos en la Villa del Aburrá, un mall comercial bastante popular en el sector centro occidental de Medellín. Allí conoció la práctica del póker gracias a un grupo de amigos entre los que se contaba el hoy internacionalmente reconocido Julián Pineda. Dentro de lo que le permitía su ajustado presupuesto de estudiante y trabajador de medio tiempo, “Manguito” empezó a asistir a torneos en bares y pequeños clubes de la ciudad. Cuando ya estaba familiarizado con la práctica y normas de este deporte mental, su amigo Federico Gaviria, que entonces se dedicaba a organizar eventos en un club al que acertadamente denominó PUM (Poker Underground Medellín), empezó a enseñarle el oficio de dealer y no pasó mucho tiempo para que, tras la apertura del club As de Espadas, del que Gaviria fue socio fundador, Camilo encontrara la oportunidad de pasar de ser jugador a tener garantizada una rentabilidad fija de su presencia en las mesas.

En adelante, la relación de Camilo con el póker empezó a tener dos facetas: un dealer cumplidor de sus horarios y carismático con los jugadores en su jornada laboral, y un pokerista audaz, buen observador y decidido a la hora de asumir riesgos en las competencias para las que su tiempo libre le dejó espacio. Así, cuando tiene la baraja en la mano, de alguna manera también está preparando sus próximas incursiones en las mesas:

“Yo sigo siendo un jugador y nunca me retiraré del póker. Haberme convertido en dealer fue una oportunidad de encontrar un empleo que me gusta y que a la vez me proporciona estrategias para el juego”, afirma “Manguito” con su habitual seguridad y desparpajo.

En As de Espadas, el dealer santandereano encontró un lugar de trabajo en el que se mueve en un ambiente fraterno y asume una especie de liderazgo entre sus compañeros. “Camilito está loco; no hace las cosas muy bien, pero todo el mundo lo quiere”, comenta en tono jocoso Diana Osorio, la administradora del club, compañera de trabajo de Camilo desde hace varios años. Aunque no duda en complementar: “tiene toda la actitud y toda la disposición”. No en vano, esas cualidades lo han hecho uno de los empleados de confianza de la organización del Colombia Poker Tour (CPT), circuito en el que ha estado presente en la mayoría de sus paradas.

“He podido recorrer el país haciendo mi trabajo. Tengo muy buenos recuerdos de ciudades como Cartagena, Bogotá, Cali, Pereira y espero estar próximamente en Panamá”, cuenta con orgullo.

Gracias a su trabajo, mantiene una familiaridad con los pokeristas, tanto cuando está en el centro de la mesa como a la hora de ubicarse entre los competidores que buscan sacar los mejores dividendos en el paño.

“Mientras cumplo con mi labor de dealer puedo analizar a los jugadores, aprender de ellos y así tener un poco de conocimiento y de ventaja a la hora de enfrentarlos cuando juego”, confiesa “Manguito”.

Al preguntarle por uno de esos jugadores al que recuerde especialmente menciona a Luis “Stucky” Díaz, conocido también como “La Leyenda”: “es un personaje muy apasionado por el póker, con muy buen humor y que siempre le aporta buena onda a las mesas”, señala.

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De mano en mano, Camilo atesora como dealer información que le será valiosa para el momento en que pase a tomar parte de la acción en las mesas como jugador.

Una de las debilidades a las que tiene que resistirse cuando ejecuta su oficio, son las distracciones que le generan las damas, y no precisamente las de la baraja. Entre las bellas mujeres que caracterizan a Medellín, las jugadoras de póker no son la excepción y por eso Camilo no titubea para confiarnos las tentaciones que algunas de ellas le producen:

“Hay tres jugadoras que me encantan y me ponen nervioso. Me gusta verlas cada vez que vienen al club y es agradable poder interactuar con ellas en las mesas”.

Sin embargo, deja en claro que jamás ha mancillado la ética que requiere su labor: “Nunca he tenido ningún tipo de relación con una mujer que tenga algo que ver con el mundo del póker”, sentencia. Un estoicismo admirable cuando se está rodeado de bellas compañeras y a menudo se tiene la oportunidad de compartir viajes y hasta habitación de hotel con algunas de ellas.

De lo que sí tiene que ocuparse a menudo es de mantener su paciencia cuando los jugadores pierden los estribos ante una mala mano, situación para la que el azar parece predestinarlo, como ya se mencionó en párrafos anteriores: “Hay clientes que se ponen furibuntos con nosotros y le echan la culpa al dealer de sus derrotas, porque dicen que uno es el que los hace perder”. Como una muestra de ese aspecto, “Manguito” nos relata una mano que ejemplifica este tipo de casos, en la que se involucra precisamente el legendario “Stucky” Díaz:

“Hace ya un tiempo, en el club en el que trabajo, el señor “Stucky” tenía par de ases y terminó all in preflop contra un rival, que tenía pareja de reyes. Como suele pasar en esos casos, “Stucky” hizo su show y toda la atención del club se concentró en lo que sucedía en la mesa. Yo abro el flop y “Stucky” completa su set de ases, pero aparecen dos tréboles. En el turn y el river vienen dos tréboles más, y el jugador del par de reyes completa un color runner runner, con el cual gana la mano”.

Para los que conocemos la movida del póker en Medellín, el colofón de lo ocurrido en esta mesa ya es predecible: “Stucky” termina descompuesto, lanzando improperios contra el rival, contra el dealer, contra su mala suerte, y quizá hasta contra sí mismo, completamente airado por la forma en que una mano favorable finaliza de una manera tan negativa para él. Pero ése será material para otro perfil.

Del otro lado de las mesas, “Manguito” sigue intentando afilar lo aprendido en sus horas de observación del juego como dealer. Asiste con regularidad a torneos que no interfieran con el desarrollo de su oficio, en clubes y casinos de Medellín y los buenos cobros no le son ajenos.

“He logrado premios de 800 mil, de un millón y el mayor fue uno de millón y medio de pesos, en torneos en vivo. En línea también he estado en premios de uno que otro torneo, pero en cualquier momento va a reventar un cobro sólido”, dice como dándose aliento a sí mismo.

La verdad es que detrás de sus lentes oscuros, toda la información recopilada sobre los jugadores a los que también les reparte cartas en sus horas laborales, lo hace un fuerte rival a vencer. Por ahora, seguirá siendo ese pokerista polifuncional, capaz de cambiar de rol en cualquier mesa: un dealer que simultáneamente se hace analista de la partida, o un competidor incansable, listo a dar en cualquier momento su gran golpe. Un “Mango” muy salado para algunos… Pero capaz de ponerle sabor a cualquier mesa, dirán otros.

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