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El Giro del River: Capítulo 1 completo

  • Osvaldo ColomboOsvaldo Colombo
El Giro del River: Capítulo 1 completo 0001

Charles Medina, Detective Privado.

Viernes 20 de noviembre de 2015, Valparaíso

Charles Medina observó el amanecer por la ventana de su departamento. Llevaba varios días sin dormir y aquella noche había sido especialmente larga.

Aplastó el cigarrillo contra el cenicero y se levantó bostezando. Caminó hacia el baño, se desnudó y prendió la ducha. El agua fría lo despabiló y se enjabonó rápidamente. Cerró la llave y se secó en silencio, recordando un poema de Borges adecuado para la situación:

“Uno empieza a aceptar las derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos”, recitó. “Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes”.

Terminó de vestirse y caminó a la cocina. Prendió el hervidor y lavó la taza menos sucia del montón. Rescató una cuchara y la enterró en el tarro de café. Echó azúcar y esperó.

Con la bebida lista, fue al escritorio y encendió el computador. Abrió redes sociales y periódicos deportivos. Bebió un sorbo y leyó un rato, hasta que sonó la alarma de Skype. Era Fernando Lobos, periodista de poker.

- Cómo va, man.
- Hola, Lobo. ¿En qué andas?
- Te llamé para saber cómo estás.
- Qué ternura, lobito. ¿Te preocupas por mí o escribes un reportaje para joderme de nuevo?
- Vamos Charles, no digas eso. Culparme a estas alturas no tiene sentido. Además, no te hace bien.
- Tienes razón –reconoció con una mueca-. ¿Qué quieres?
- Ya te dije. Deseo saber cómo estás.
- Medio arrepentido. Ayer debí quedarme en casa.
- ¿Cuánto perdiste?
- Nada. Quedé en cero, contando locomoción y un par de latas que compré mientras jugaba.
- Entonces, ¿de qué te quejas?
- Siento que perdí el tiempo. Pude quedarme jugando en Internet. Siempre es mejor grindear diez mesas que sólo una. Ahora, ¿me vas a contar lo que quieres?
- Pero si ya te dije, man. Me interesa saber de ti.
- ¡No hables como si tuvieras sentimientos, Lobo! Dime lo que necesitas.
- Bueno, lo que pasa es que… -se detuvo algunos segundos-. ¿Has escuchado sobre “El Giro del River”?
- ¿Qué es eso? ¿Un juego de palabras?
- Un crucero que zarpará desde Valparaíso. Es para celebrar el brazalete que Sábato ganó a principios de mes.
- Ah… eso. Sábato.
- Estarán los mejores jugadores del continente -señaló el Lobo-. Es una gran oportunidad para hacer entrevistas.
- ¿Y?
- Necesito que me alojes en tu oficina. No ocuparé mucho espacio y sólo serán un par de noches.
- ¿Un par de noches?
- Claro, man. Debemos aprovechar para salir a beber algo, ¿no? Valparaíso, puerto principal y esas cosas.
- ¿Cuándo sería?
- La próxima semana. El barco parte el martes 01 de diciembre, así que llegaría entre viernes y sábado. ¿Qué prefieres?
- El domingo, considerando que sólo eran dos noches.
- ¡Qué pesado eres! –rió-. Gracias, man. Te aviso entonces cuando llegue. ¡Abrazo!

Charles Medina y Fernando Lobos se conocieron hace años, cuando estalló el “Caso Fichas”, un escándalo que involucró al casino donde trabajaba Medina. Por entonces, Lobos era un simple estudiante de periodismo, pero se obsesionó con la investigación. Para el primero era un asunto de honor profesional; para el otro, la oportunidad de hacer carrera. Finalmente, todo fue resuelto; los culpables, atrapados. Lobos tuvo su historia, pero cuando la publicó, Medina fue despedido.

- ¡Pero si yo mismo resolví el caso! –reclamó.
- Sabes muy bien que todo lo concerniente al trabajo es confidencial –le explicó Jorge Rojas, su jefe de entonces-. Discúlpame. No hay nada que hacer.

Prefirió despedirse dignamente, sin reclamos ni acusaciones. Con el dinero del finiquito arrendó su oficina y formó una agencia de detectives, la que fue un fracaso. Al principio, clientes del mismo casino le encargaron un par de trabajos: encontrar un anillo perdido y seguir a una esposa infiel. Pero eso fue hace un año y llevaba mucho tiempo sin conseguir casos. Los ahorros se habían acabado y sus tarjetas de crédito estaban reventadas.

Actualmente, sobrevivía apostando centavos por internet. Si mantenía la disciplina, lograba reunir algunos dólares cada semana. Por eso estaba molesto con lo del día anterior: había quebrado su rutina y debía retomarla.

“La primera regla para un jugador de poker es el Bankroll Management”, recordó Medina. Invertir como máximo el 1% del dinero en cada apuesta. Así te cubres de las malas rachas y, si eres ganador, lograrás imponerte a largo plazo.

Pinchó el cajero para confirmar su bankroll: 150 dólares. Si era estricto, sólo debía jugar mesas de un dólar y medio. Tantas como pudiera, pero sin traspasar el límite.

Sonrió y prendió otro Chesterfield, mirando fijamente al monitor. Volvió a pensar en Borges. Estaba harto de vivir como rata. De los hongos. De las deudas. De ser un mal partido. De perder y empatar. El quería ganar, aunque fuera una vez. Saber qué se sentía. Comprendió que debía arriesgarse y pinchó dos mesas de 15 dólares y cinco de 7 dólares.

“Siete mesas está perfecto”, señaló en voz alta, convenciéndose. “Es el número de la buena suerte, y si pierdo, aún quedarán 85 dólares”.

Lunes 23 de noviembre del 2015, Valparaíso

Charles Medina odiaba arriesgarse. Consideraba que lo seguro era siempre el camino a seguir. Por eso, cuando jugaba poker, nunca blufeaba, jamás robaba y sólo apostaba en posición con manos fuertes. Era lo que se conoce como tight agressive o roca.

La decisión del viernes pasado, cuando decidió jugar fuera de bank, significaba renunciar a sus principios más esenciales. Recorrer una ruta incierta. La movida le resultó a gran forma y tuvo un excelente fin de semana. Estaba radiante, lleno de seguridad. Atacaba fuera de posición y tomaba la iniciativa con manos débiles, confundiendo completamente a sus rivales. De esta forma, Su bankroll había crecido más del triple y sumaba casi 500 dólares.

Seguía sin dormir, pero no le importaba. Aprovechaba de recordar jugadas y analizar movimientos de aquel bendito domingo, día en que consiguió más del 50% del total de las ganancias. ¡Se sentía tan orgulloso de sí mismo! Incluso había blufeado, lo que le provocaba una curiosa sensación cada vez que lo recordaba.

Ese día se levantó temprano y fue al supermercado, donde podía pagar con su tarjeta de monedero electrónico. Compró pan, queso, jamón, huevos y café. Avanzó por el sector de abarrotes y decidió asegurar la alacena: arroz, fideos, azúcar y muchos tarros de atún. También adquirió artículos para limpiar su oficina, que estaba hecha un asco.
Pagó la cuenta y se sorprendió: había gastado más de 200 dólares. Pero al menos su alimentación estaba asegurada. Fue al cajero y retiró otros 120 dólares. Pasó por la tabaquería y compró dos cartones de cigarrillos. Abordó un taxi y se sentó en el asiento de atrás.

Sin duda, estaba cambiando.

Pero no mucho. Llegó a su oficina y volvió a repetir la rutina de todos los días para desayunar: tapar su nariz con una mano y buscar los utensilios menos sucios del lavadero. Cada día era más complicado, pues desde el fondo emergía un olor que empeoraba segundo a segundo. Se prometió que después de desayunar limpiaría todo y se sentó a leer los diarios por internet.

Se preparó un emparedado y recordó la conversación con Fernando Lobos la semana pasada. Se le descompuso el estómago cuando recordó a Sábato y su famoso brazalete, pero reconocer que era envidia escapaba a sus posibilidades. Simplemente, lo encontraba falso, petulante y soberbio. Todo lo contrario al resto de la comunidad del Poker, que lo admiraba desde mucho antes de ganar el principal Evento Mundial.

Escribió “El Giro del River” en Google y pinchó el link de PokerNews para saber más detalles del crucero.

En resumen, tal como dijo el Lobo, se celebraba el primer título conseguido por un latino en el Evento Principal de la World Series Of Poker (WSOP). Pero no sólo eso. Security Poker, el software más importante del rubro, decidió contratar a Sábato como su principal rostro publicitario. De hecho, ése era el verdadero objetivo del crucero: promocionar la marca en toda la región.

“El Giro del River zarpará desde la ciudad chilena de Valparaíso y tendrá 512 cupos”, decía la nota. “El buy in será de USD$20.000 y habrá un pozo a repartir de USD$10.000.000 entre los ocho integrantes de la mesa final, que se disputará el 31 de diciembre, poco antes del arribo del barco en Acapulco, México, donde celebraremos la bienvenida del año 2016”.

“20.000 mil dólares”, pensó Medina. “Con eso pago mis deudas y salgo a flote varios meses”.

Por supuesto, eran pocos los jugadores capaces de pagar tal cifra para pasar un mes jugando a las cartas. Sólo los profesionales clase S y quizás algunos millonarios excéntricos. Para el resto, habría clasificatorios online de distintos precios, disponibles para todos los jugadores del mundo.

“Una vez más, Security Poker está demostrando su total supremacía en términos de atractivos y organización. Esta inversión confirma que la empresa tiene mucha fe en Latinoamérica y que espera masificar su negocio a límites insospechados”, cerraba la nota.

Asqueado, cerró su computador y bebió otro trago de café. Recordó el día en que conoció a Sábato. Fue en los tiempos que trabajaba como guardia de casino. Se realizó una partida privada entre varios High Stakes en el Salón VIP e invitaron a la por entonces joven sensación de Internet.

Tras varias horas de juego, Sábato perdió algunos flips y quedó cerca de USD$10.000 abajo. Había jugado bien, tomado decisiones correctas, pero la suerte no lo acompañó y quedó muy tilt. Cuando terminó la jornada, Medina se acercó a consolarlo.

- No fue tu culpa. Simplemente, corriste mal –dijo.
- ¿Y creés que importa lo que vos pensés, fish?

En ese momento, Charles Medina quedó congelado. No supo qué hacer. Intentó decir algo, ¡lo que fuera!, pero las palabras no salieron de su boca. Ahora, muchos años después, aún temblaba cuando recordaba aquel episodio. ¡Lo odiaba tanto!

“Definitivamente, jugaré un par de satélites”, pensó mientras miraba de reojo el cuadro de Chaplin que colgaba sobre una de las paredes de su oficina. El genio del cine mudo pareció regalarle una sonrisa, pero Medina no le dio importancia. “Tanto tiempo sin dormir me está pasando la cuenta”, fue su explicación más lógica.

Se puso de pie y se dirigió a la cocina. Se calzó los guantes de plástico que compró en el supermercado y comenzó a botar la basura.

Jueves 26 de noviembre del 2015, Valparaíso

Charles Medina apagó el computador y prendió el último Chesterfield de la cajetilla. Fumó un rato en silencio y giró hacia un costado observando detenidamente su colección de discos clásicos. Se preguntó a qué genio acudir cuando el sordo golpe de la soledad debilita cualquier optimismo. “Joan Sebastian Bach”, pensó en voz alta. El alemán, sin dudas, era la alternativa perfecta.

Cogió el vinilo y lo insertó en el tocadiscos. Comenzó a sonar Jesus, Joy of Man's Desiring y recordó a Francisca. Se permitió pensar en ella por un segundo, no más que un segundo, y aplastó el cigarrillo contra el cenicero, eliminando su recuerdo junto al humo que huía por la ventana.

Cerró un momento sus ojos y se preguntó si valía la pena volver a abrirlos. Le dolía la cabeza y tenía hambre. Había jugado poker desde la mañana y pensó en acostarse e intentar dormir. El sonido del celular lo despertó de su letargo.

- ¿Aló?
- Buenos días. ¿Hablo con Charles Medina?
- Con él.
- Hola, don Charles. Usted habla con Margarita Rosales, su ejecutiva bancaria.
- ¡Ah! Hola.
- Don Charles, le tengo muy buenas noticias.
- No me diga que me van a perdonar las deudas.
- No, pero casi –sonrió incómoda-. Le aprobaron un crédito para compra de cartera. Son $15.000.000 y será a 72 cuotas de $399.990.
- Oiga, pero voy a pagar más del doble sólo en intereses.
- Lo que pasa es que usted es un cliente de alto riesgo, don Charles.
- ¿Entonces por qué me siguen prestando plata?
- No hay alternativa. Si no acepta este crédito, la próxima semana aparecerá sobregirado y deberemos rematarle todos sus bienes.
- No tengo bienes. Sólo cansancio y un cuadro de Chaplin que está cada día más burlón.
- Pues entonces, a largo plazo, quizás termine en prisión. ¿Qué quiere que le diga don Charles?
- No sé.
- ¿Y bien?
- Tomaré el dinero. ¿Qué debo hacer?
- Vaya mañana temprano a su sucursal. El Vale Vista estará listo y esperándolo.

Cortó el teléfono y suspiró aliviado. Aunque el crédito era un asalto con corbata, podría darse un respiro y jugar tranquilo por algunos meses, sin retirar dólares. Era cosa de tiempo ganar algo grande, sólo debía tener paciencia.

Se puso de pie y caminó a la habitación, quitándose ambos zapatos y acostándose de brazos cruzados. Un enorme alivio recorrió su cuerpo y sintió cómo, después de tantas jornadas en vela, por fin regresaba al mundo de los sueños.

El sonido del timbre lo devolvió a la realidad. ¿Desde cuándo aquel ruido era tan molesto? RIIIIIIIIIING. RIIIIIIIIIIIIIIIIING. Se preguntó hace cuánto no recibía visitas. ¿Quién podría ser?

El llamado volvió a retumbar en sus oídos, esta vez por un periodo más largo. Sintió cómo, poco a poco, la ira nublaba su mente. Caminó de mala gana a la puerta de entrada, mientras el timbre seguía sonando. ¡RING! ¡RIIIIIIIIIIIIIIIIIING! ¡RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING!

- ¿Quién es? –gruñó.
- ¡Adivina, man! –contestó la inconfundible voz del Lobo.
- ¿Qué haces aquí? –preguntó abriendo la puerta-. Se supone que avisarías antes de venir.
- Es que me quedé sin saldo en el celular –rió el periodista, descargando su equipaje sobre el escritorio-. ¿Dónde dejo mis cosas?
- En el clóset –respondió el detective, cada vez más irritado-. Debiste avisar –insistió.
- Tranquilízate Medina. ¿Te has visto frente a un espejo? ¿Hace cuánto que no duermes?
- Eso no es asunto tuyo.
- Deberías relajarte. Estás escuchando a Bach y resulta que estás todo estresado –sonrió-. A todo esto, no sabía que te gustaba la música religiosa.
- No digas estupideces. Es reflejar en el arte la visión de lo divino. Lo demás me importa un bledo.
- Tiene sentido –reconoció el periodista. Luego, con voz misteriosa, añadió-. Mira esta flor que me regalaron. Fue criada con mucho cuidado. ¿Te apetece?
Al rato, ambos reían. Lobos relató algunos acontecimientos que se desarrollarían aquel fin de semana en la región, principalmente, un clasificatorio en vivo organizado por “Los Tiburones de Viña”, un entusiasta grupo local que quería "sí o sí" llevar uno de sus representantes a “El Giro del River”.
- Quiero proponerte un deal –señaló el Lobo.
- ¿De qué tipo?
- Juguemos el satélite y si uno de los dos clasifica, lleva al otro de compañero.
- No entiendo. Si clasifico al crucero no tendré dinero para invitados.
- ¿No has leído las reglas? Los USD$20.000 del buy in incluyen derecho a un acompañante. Piensa que además del torneo habrá muchas mesas de cash funcionando.
- Me parece bien. ¿Cuándo es?
- Mañana y el sábado. Dura dos días.
- Perfecto. Acepto tu deal. Ahora, levántate y vamos al Macaluca. ¿Has probado su vino con frutas?

Jueves 26 de noviembre del 2015. 23:30 hrs., Valparaíso

Valparaíso fue declarado Patrimonio de la Humanidad el año 2003 por la UNESCO. Es la capital de la V región chilena y posee uno de los puertos más importantes del Pacífico Sur. Es sede del Congreso Nacional y uno de los principales atractivos turísticos de América Latina, debido a la intensa vida cultural y académica que recorre sus cerros.

Charles Medina y Fernando Lobos bebían el tercer jarro de vino cuando notaron la presencia de Enrique Galleguillos, un ex periodista de poker del que no sabían hace tiempo. Bebía un vaso de tinto mientras tomaba apuntes en una pequeña libreta de bolsillo. Estaba indudablemente borracho y tenía la mirada perdida.

- ¡Eh, Quique! –llamó Lobos-. ¿Qué haces tan solo, man? ¡Ven a sentarte con nosotros!

Medina observó que el desconocido no parecía contento con el encuentro, a pesar de la sonrisa cortés que ofreció tras guardar su libreta y acercarse a la mesa.

- Enrique Galleguillos, cesante, bipolar e ilustrado –saludó.
- Charles Medina, mucho gusto.
- ¡Tanto tiempo, compadre! –Lobos se había puesto de pie para abrazarlo efusivamente-. ¡Pucha que estás gordo!
- Hola, lobito –respondió Galleguillos tras librarse de su colega y tomar asiento. Se sirvió un nuevo vaso de vino y propuso un triple brindis.
- ¡Salud!
- ¡Salud!
- ¡Salud!
- ¿Cómo has estado? –preguntó Lobos-. Andabas full desaparecido.
- Después de perder mi trabajo cerré todas mis redes sociales. Ya sabes que sin un perfil online no eres nadie en estos tiempos.
- ¿Sobre qué escribes? ¿Alguna de tus noticias polémicas?
- Tomo apuntes para un libro que empecé a escribir.
- ¿En serio?
- Si. Pretendo crear una novela negra ambientada en el poker.
- ¡Qué interesante! –opinó Medina-. ¿Y de qué trata?
- Lo mismo de siempre –suspiró Galleguillos. Bebió de un trago el contenido del vaso y siguió hablando:- Decidí inventar un crimen para contar verdades que no me atrevo a decir en el mundo real.
- ¿De qué hablas?
- Tú mejor que nadie deberías saberlo, señor periodista –respondió Galleguillos tras pedir un nuevo jarro de alcohol-. El sistema del poker está compuesto por megalómanos que pretenden que todas las noticias del medio sean relaciones públicas para sus monstruosos egos. Y si escribes algo que incomoda, pasas de inmediato a ser un oportunista con malas intenciones.
- Te pusiste grave –refutó el Lobo-. Yo, de hecho, soy el mejor ejemplo de que estás equivocado. Cuando publiqué “El caso fichas” demostré que el periodismo de poker es independiente en todo sentido.
- Y mira cómo terminaron sus protagonistas –rió el escritor-. Medina despedido del casino y tú aún sin trabajo estable. Ahora dime: ¿qué pasó con los tramposos? ¿Alguien recuerda qué ocurrió con ellos?
- Los verdaderos culpables quedaron libres. No había pruebas en su contra –reconoció Medina-. Los únicos que pagaron fueron los dos croupiers que robaban las fichas.
- Ellos y ustedes dos –insistió Galleguillos.
- ¡Yo soy reportero freelance por decisión propia! ¡Odio los trabajos estables con horario de oficina! –reclamó el Lobo.
- Veo que conoces mi historia –intervino Medina-. La versión oficial dice que renuncié porque quería independizarme.
- Citando a un personaje de George R.R. Martin, “tengo pajaritos en todos lados” –sonrió Galleguillos-. Y ellos me cuentan muchas cosas, no solamente de ti -suspiró-. A veces pienso en mandar todo a la mierda. Existen personas que son un verdadero cáncer y es imposible mantenerlos alejados, pues creen sinceramente que son un aporte para la actividad.
- Vaya que estás amargado.
- Imposible no estarlo. ¡Hasta los malos se creen buenos! La varianza implica que cualquiera puede ganar algo importante y sentirse especial. ¿No lo crees, Charles?
- Jamás me sentí especial –respondió el detective con una mueca.
- Al contrario, amigo mío. Eres mucho más interesante de lo que crees. De hecho, el protagonista de mi novela está inspirado en tus hazañas.
- ¿Y a ti qué demonios te pasa?- le preguntó Medina al Lobo, que parecía muy incómodo con la conversación.
- ¡Soy reportero freelance por decisión propia! –volvió a reclamar el periodista.
- Yo también, lobito. Yo también –sonrió Galleguillos.

Siguieron bebiendo hasta que cerró el bar. Eran las cuatro de la madrugada chocaban contra todo lo que se cruzara en sus caminos. Galleguillos se despidió alejándose por la subida Ecuador, mientras los otros dos parroquianos discutían sobre qué hacer: Medina quería seguir bebiendo en un after y Lobos deseaba ir al casino, pero el recuerdo de la cita en el banco hizo que el detective echara pie atrás y decidiera regresar a su oficina.

- ¡Vamos a jugar un rato! –suplicó Lobos.
- Imposible. Mañana debo realizar un trámite impostergable. Además, recuerda que tenemos el satélite donde los tiburones de Viña. ¿Nuestro deal sigue en pie?
- Por supuesto.
- Bueno, entonces vámonos a casa. Necesitamos descansar.
- Supongo que tienes razón –reconoció finalmente el periodista-. En un momento sentí deseos de apostar la vida. Gracias por detenerme.
- No hay problema, amigo mío. Pero si quieres apostar tu vida, no sé si el casino sea un buen lugar para eso.

Viernes 27 de noviembre del 2015, Valparaíso

Charles Medina observó a su amigo Fernando Lobos dormir plácidamente en el sillón. Se veía tan feliz que sintió algo de envidia. Le pegó una patada en el trasero y el periodista despertó al instante.

- ¿Ah? ¿Qué pasa?
- Voy al banco. Quedas a cargo de la oficina.
- No hay problema, man. ¿Me puedo acostar en tu cama?
- Está bien, pero después quema las sábanas.
Salió a la calle. La resaca comenzaba a mostrar los primeros síntomas. Le quemaba la garganta y tenía un nudo en el estómago. Sintió la boca seca y lamentó no haber bebido un café antes de salir. Prendió un cigarrillo y retomó el camino hacia el banco, ubicado en pleno centro de Valparaíso.
Entró al edificio y se acercó al mesón de información, atendido por una graciosa pelirroja de atractivos pechos.
- Hola. Vengo por…
- Debe sacar número –dijo ella-. Es por orden de llegada.

Se dirigió hacia la máquina que entregaba los números de atención. Escribió su cuenta corriente y tomó el papel con el 33. Recién iban en el 14. Suspiró por el tiempo que debería esperar y, resignado, se sentó de brazos cruzados y se armó de paciencia.

Intentó cerrar sus ojos para meditar un rato. Bastaban 10 a 15 minutos para recuperar algo de energía, pero una vez concentrado fue inevitable prolongar sus pensamientos. Comenzó a analizar su vida y abordó varios aspectos que siempre evitaba: ¿Hace cuánto no sentía el abrazo cálido de una mujer? Comprendió que entre la independencia y la soledad existe un límite muy fino. ¿Quería volver a traspasarlo?

Decidió tomar cartas en el asunto. Abrió los ojos y vio que ya iban en el 31. Un par de números más y sería su turno.
No quiso leer el contrato antes de firmarlo. ¿Para qué? Necesitaba el dinero. Depositó el vale vista en su cuenta y pagó el sobregiro y las tarjetas de crédito. Sintió como si soltara una pesada mochila de sus hombros.

- Recuerde que tiene un mes de gracia. La primera cuota se la cobraremos el 02 de enero del 2016 –señaló la pelirroja atractiva. Medina trató de responder algo gracioso, pero la muchacha ni siquiera se percató.

Sacó algunos billetes del sobregiro y compró una tarjeta para cargar el celular. Respiró hondo y marcó el teléfono de Francisca.

- ¿Aló?
- Hola.
- ¿Charles?
- Sí. ¿Cómo estás?
- Bien. ¿Qué pasa?
- Recibí un buen dinero y quiero celebrar. ¿Vamos a almorzar al mercado?
- No puedo. Estoy trabajando.
- Pensé que tenías turnos de noche.
- Don Jorge me puso a cargo de la capacitación de croupiers y estamos con muchísimo trabajo.
- ¿Y a qué hora sales? Quizás podamos ir por un trago.
- Charles –suspiró-. ¿Qué pasa? ¿Crees que puedes aparecer así como así después de tantos meses? ¿Esperabas que corriera a tus brazos?
- Lo lamento –dijo él-. Solamente quería celebrar y no tengo con quién hacerlo.
- Está bien. Discúlpame. Estoy estresada. El crucero zarpa el martes y no estamos dando abasto.
- ¿Crucero? ¿Te refieres a “El Giro del River?
- Claro. ¿Cuál otro? El casino está a cargo de la organización y el tema croupiers está siendo un problema. Deberemos llevar gente inexperta y eso siempre es un riesgo.
- Yo podría hacerlo bien.
- Sin duda, pero sabes que don Jorge jamás te contrataría. Estás vetado por el casino.
- ¿Ah sí? Pues dile a ese viejo de mierda que quizás juegue el torneo. Sabes que puedo hacerlo.
- Haz lo que quieras –dijo ella-. Pero dudo que tengas los USD$20.000 para pagar la inscripción.
- ¿No te dije que pretendía celebrar? Acabo de recibir una gran suma.
- Vale. Pues mucha suerte entonces. Me tengo que ir.
- ¿Te puedo llamar el fin de semana?

No obtuvo respuesta. Francisca ya había colgado. Sintió que sus ojos se humedecían y se los secó con el antebrazo. Decidió regresar al departamento. Había una nota sobre el escritorio: “Debo hacer un par de entrevistas. Llego a la tarde. Recuerda que hoy es el clasificatorio”.

Puso agua en el hervidor eléctrico y pan en el tostador, mientras preparaba huevos revueltos con queso y jamón. Prendió el computador y se sentó a leer mientras desayunaba.

Lavó la loza y regresó al escritorio. Quería jugar poker, concentrarse en eso y olvidar las penas. Abrió tantas mesas como fue posible y jugó a su máximo nivel. Fue una gran sesión. Apagó el computador y caminó a la habitación.

Cambió las sábanas y se acostó a leer “Tengo miedo Torero”, novela escrita por el chileno Pedro Lemebel, fallecido en enero del 2015. La historia gira en torno a un homosexual que se enamora sin suerte de un joven guerrillero, involucrado en el atentado contra Pinochet en 1986.

Fernando Lobos llegó casi al anochecer. Cenaron algo liviano y emprendieron rumbo al garito donde se realizaría el satélite para “El Giro del River”, el crucero que obsesionaba a Charles Medina cada día más.

Sábado 28 de noviembre del 2015. 01:00 AM., Viña del Mar

Charles Medina y Fernando Lobos abordaron un colectivo que los dejó en Plaza Viña del Mar. Caminaron por Libertad y doblaron por 5 Norte hasta llegar al garito donde se jugaría el satélite. Lobos se acercó a la puerta y golpeó.

- ¿Quién es?
- Soy yo, el Lobo. Vengo con Medina.
- Hola –saludó un individuo gordo tras abrir la puerta-. Síganme.

Subieron una escalera y avanzaron por un pasillo que los llevó a una segunda escalera, cuya serie de peldaños era mucho más larga que la primera. Medina sintió un pequeño ahogo en el pecho mientras ascendían, pero disimuló toser y siguió andando como si nada.

Llegaron a una iluminada terraza ubicada en lo más alto del edificio. Había cinco mesas de póker distribuidas por el espacio y al fondo una barra donde preparaban tragos y comidas.

- Comenzamos en unos minutos –señaló el tipo gordo-. ¿Saben cómo es el formato?
- No.
- Será tipo step. Los ganadores pasarán a la final de mañana. La entrada cuesta 100 dólares y será con recompras ilimitadas durante las dos primeras horas. Habrá un clasificado cada 2.000 dólares reunidos.
- ¿Cómo será la estructura de ciegas?
- Partimos con 10.000 de stack. Ciegas 50 - 100 y suben cada 10 minutos. Cuando terminen las dos horas de recompras, las ciegas estarán en 1.500 – 3.000. En ese momento se podrá hacer un addon que costará 500 dólares y dará 50.000 fichas más.
- Es decir, deberé invertir 700 dólares para clasificar a un torneo de 2.000 –comentó Medina-. ¡Es casi imposible lograrlo sin pagar el addon!
- Nadie te obligó a venir –respondió el tipo gordo-. Además, es asunto tuyo cuanto decidas pagar.
- Tiene razón –intervino Lobos-. De hecho, yo no tengo caja para pagar el addon. Sólo puedo invertir 200 dólares.
- ¿Lo ves? –el rostro obeso se arrugó al sonreír-. Tengo que irme. Debo confirmar que esté todo en orden. Nos vemos más rato.
- ¿Vamos por una cerveza? -sugirió el Lobo cuando quedaron a solas-. Necesito que hablemos.
- ¿Qué pasa?
- Ando corto de dinero, man. Necesito que me cubras. La salida de anoche me dejó en bancarrota.
- ¡Pero si gastamos menos de 20 dólares!
- No es fácil ser periodista independiente –contestó Lobos con cara de pena-. No todos somos Ryszard Kapuscinski. Las cosas no van bien.
- ¿Y cuánto necesitas?
- 50 dólares. Me gustaría partir con doble stack.
- Eres un fresco, pero aunque quisiera, no puedo ayudarte. Tengo sólo 100 dólares.
- ¡No puedes ser más fish! –rió el Lobo. Medina sintió una leve punzada en el hombro-. La entrada al crucero cuesta 20K y pretendes llegar por 100 dólares. ¿Qué esperabas? ¿Juntar a 200 tipos en este lugar?
- No lo había pensado.
- Tú mismo dijiste que es imposible clasificar de esa forma.
- Dije que era casi imposible, no imposible.
- Da igual. Podemos ir a un cajero o hacer una transferencia. El guatón Santibáñez es mi amigo. ¿Qué dices?
- Supongo que no tengo alternativa. Ya estamos acá. ¿Cuándo me vas a pagar?
- Apenas pueda, lo prometo. Además, fijo que a éste le pego.

Medina transfirió 400 dólares y se quedó con su efectivo y los 143 dólares que Lobos tenía para jugar. El satélite comenzó pocos minutos después, con la asistencia de 32 jugadores. Habría registro tardío disponible durante las dos horas de recompras.

- ¿Y tú qué haces? –le preguntó Medina al Lobo, que se paseaba estudiando las mesas.
- Evalúo –respondió serio-. El Guatón Santibáñez dejará que me siente donde yo quiera.

El detective alzó los hombros y decidió concentrarse en su mesa. Incluyéndolo, eran ocho jugadores en total. Seis hombres y dos mujeres. Sólo uno se veía competente. El resto eran recreacionales. Por fin comprendió la razón de jugar tan tarde: muchos estaban pasados de copas y sólo buscaban pasar un buen rato. Debía aprovecharlo y llenarse de fichas.

Después de las dos horas se produjo el primer break. Charles Medina contaba con un saludable stack de 87.000 fichas y era el chip líder, pero con el addón quedó en las últimas posiciones. ¿Qué hacer? Pensó en Francisca, en Jorge Rojas, en Sábato y decidió que nuevamente debía arriesgarse. “Tomaré ese barco y jugaré el torneo. Lo juro”, pensó.

- ¡Yo también haré addon!- avisó en voz alta.
- ¿Pero qué haces? -preguntó el Lobo asustado-. Tienes casi 30 ciegas, no es necesario meter 500 dólares más.
- No es asunto tuyo –contestó-. Decidí que abordaré ese barco como sea.
- Me gusta tu actitud, pero en ese caso, ¿me prestas 500 más para doblar nuestras opciones?
- Vete a la mierda.
- No perdía nada con probar. Nos vemos en mesa final.

Por entonces, quedaban 26 sobrevivientes y se había formado un pozo de USD 10.700 dólares. Es decir, 5 entradas de 2K para el día siguiente y 700 dólares para el sexto lugar.

Cuando quedaban once jugadores, en plena burbuja de mesa final, Lobos fue trasladado a la misma mesa del detective. Las ciegas estaban 10K – 20K y el periodista mandó all in por poco más de 100K. Medina observó sus cartas y vio AKs. Supo que si ganaba estaba dentro del step 2. Shoveó encima, aislando a su amigo para jugar los dos cara a cara. Lobos mostró ATo y la mano de Medina terminó aguantando. El eliminado no podía dar crédito a la situación.

Llegaron a la mesa final de diez jugadores. El detective iba segundo en fichas, bastante alejado del resto, que tenía en promedio menos de ocho ciegas.

La primera mano fue un triple allin: AA vs AK vs 66. Cayó un 6 en el turn y de inmediato hubo dos eliminados. El ganador, en tanto, quedó tercero, muy cerca de Medina.

La mesa entró en la dinámica push fold. Se jugaron cerca de 3 vueltas sin ver ningún flop, hasta que llegó el momento decisivo: short stack manda allin por 94K y Medina vuelve a recibir AKs. Nuevamente aísla, pero para su sorpresa, la big blind, el que iba tercero en fichas, también paga el allin, mostrando AA. Raiser original tiene KT, robando uno de los pocos outs que le quedaban a Medina.

El flop insinuó un proyecto a escalera cuando cayó Q – J – 3. Sin embargo, el turn y el river no trajeron sorpresas. El short stack quedó eliminado y Medina quedó último entre los siete sobrevivientes. Uno más y explotaba la burbuja de premios.

En la mano siguiente recibió ATo y, shockeado, mandó all in. Nuevamente, el mismo villano pagó desde el small blind con K8o. Un K en el flop sepultó las esperanzas de Medina, que sintió como el mundo se derrumbaba.

- Eres un estúpido –dijo Lobos tomándolo por el hombro-. Es mejor que nos vayamos.
- Es el problema con arriesgarse -cerró Medina levantándose y prendiendo un Chesterfield-. A veces no resulta.

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