Décima entrega de "El Giro del River", la novela exclusiva de PokerNews

  • Osvaldo ColomboOsvaldo Colombo
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Capítulo II. Parte 4. Paulina Moreno, jugadora amateur. Periodista de dos caras.

Domingo 28 de noviembre de 2015.

Paulina abrió los ojos y todo le dio vueltas. Tenía la boca seca y un agudo dolor de cabeza. Hace tiempo que no sentía una resaca tan, pero tan fuerte. No recordaba a qué hora se había acostado. Nuevamente estaba vestida con la ropa de la noche anterior.

Miró su celular: era pasado mediodía, ya no alcanzaba a desayunar gratis en el buffet del hotel. De pronto, sintió una respiración a su lado. Alguien ahogó una risa.

- ¡Vaya, vaya! ¡Despertó la princesa!
- ¿Qué haces aquí?
- Mentira que no te acuerdas –rió Lobos-. Vinieron dos veces de recepción a reclamar por tus gritos.
- ¿Qué?
- Gritabas ¡All in! ¡Im all in!
- ¿Ah?
- Cálmate –siguió riendo-. Yo dormí en el sillón.
- No recuerdo nada –confesó más tranquila-. ¿Qué pasó?
- Te pusiste a jugar Heads Up con Jorge Luis Sábato. Apostaban golpeados de tequila jugando a cartas abiertas. Yo tomaba con el que perdía.

Paulina comenzó a recordar. Abrió los ojos como plato.

- ¡También apostamos dólares!
- Claro. Le ganaste más de 10K. Después querías jugárselos a cambio del brazalete de la WSOP. Obviamente, él no aceptó.
- ¿Y me puse a gritar all in, all in?
- No –rió Lobos-. Eso fue al final. Antes fuimos a la recepción de Security Poker y nos recuperamos con el buffet gratis. Discutimos un rato de filosofía y te pedí que me alojaras porque ya era tarde.
- ¿Filosofía?
- Bueno, no sé. Algo así. Hablamos de la muerte.
- Tú decías que no hay muerte injusta.
- No con esas palabras. Creo que cuando alguien se va es porque ya cumplió su ciclo y necesita renacer para seguir avanzando. De todas formas, entiendo que me terminaré mordiendo la lengua. La verdad es que nunca he perdido a algún ser amado, al menos en esos términos.
- No me agrada tu misticismo.
- Fue lo mismo que dijiste anoche –sonrió el periodista-. El caso es que te enojaste porque recordaste a tu abuelita y dijiste que yo era un insensible que no entendía nada sobre el amor. Ahí me heriste.
- Ridículo.
- Hablo demasiado en serio. ¿Acaso no puedo sentirme mal? ¿Qué sabes tú sobre yo y el amor? ¿Imaginas acaso lo que he sufrido? ¡Tú eres la insensible!
- Cállate que estoy recordando. Después seguimos bebiendo. ¡Ay! –una imagen del baile hot que protagonizó con Sábato bombardeó su memoria-. ¡Nos sacaste fotos!
- Puede ser…
- ¡Eres un descarado!
- ¿Yo? ¡Pero si hace unos segundos era la víctima!
- ¡Y además me ganaste 2K!
- No cambies el tema.
- ¡Yo seguía borracha y te aprovechaste! Eres una mierda de ser humano, Fernando Lobos.
- A ver, a ver –se puso serio y negó moviendo el índice-. En primer lugar, tú querías jugar. Y segundo, Sábato también estaba borracho cuando le ganaste esa brutalidad de dinero. ¿Se lo vas a devolver?
- Sigo pensando que eres una mierda…
- Y no eres la única -suspiró –. Pero volvamos a mi tema con el amor…
- Déjate de ridiculeces –lo interrumpió-. Ya está. Quiero que borres esas fotos.
- Claro que lo haré. Para eso están los amigos, ¿no? Para ayudarse unos a otros. Incluso, si quieres, te devolveré los 2K que te gané anoche.
- Para eso están los amigos –respondió ella para ganar un par de segundos. La resaca no le permitía pensar con claridad-. Y supongo que quieres algo a cambio.
- Anoche hablé con Jorge Rojas, el gerente de casinos Viña. Es el organizador de “El Giro del River” y tenemos una buena relación. Me dijo que si pagaba los 1.500 dólares, y conseguía que un jugador me alojara, podría tomar el barco.
- Cabrón. Hijo de puta. Me estás chantajeando.
- No lo veas de esa forma. Somos amigos, ¿o no? Piensa que te devolveré todo el dinero. Eso habla, sobre todo, de mi buena voluntad
- Dime dónde están las fotos.

Fernando Lobos le pasó una pequeña cámara digital. Paulina la tiró al suelo y la rompió de una patada.

- Vete de aquí.
- ¿Crees que soy estúpido? ¡Obvio que tengo respaldo!
- Haz lo que quieras. ¡Ándate o llamo a seguridad!
- Pero…

Paulina tomó el citófono y se comunicó con recepción. Fernando Lobos desapareció al instante. Colgó el aparato y cruzó los brazos sobre el pecho. “Ahora sí que los trolls de Internet tendrán material para regocijarse”, pensó.

Tomó una ducha y se vistió con ropa limpia. Bajó al casino a desayunar y se dio un gran banquete. Después de todo, acababa de ganar 8K y podía darse unos cuantos lujos.

“Ganaré el torneo”, juró en su fuero interno. Cerró los ojos y entró en una especie de trance. “A cambio, dioses nuevos, dioses antiguos, les prometo que no beberé más alcohol mientras dure la competencia. El resto, que sea voluntad de ustedes”.

Un mozo la miró asustado. Ella le sonrió y éste se alejó a paso largo. Terminó de comer y regresó a la habitación. Durmió una siesta y al despertar subió al sauna del onceavo piso. Botó las toxinas del alcohol y pidió que le llevaran la cena a su recámara: un buen ceviche de reineta y pulpo. Después pinchó la televisión y encontró la retransmisión de la mesa final del Main Event de la WSOP, cuando Sábato se coronó campeón del mundo.

De pronto, dejó de mirar la pantalla y descubrió algo que hasta entonces no había visto. La billetera de Fernando Lobos descansaba en la mesita ubicada junto a la tele. La tomó y comenzó a revisarla.

Prendió el computador y pinchó el facebook del periodista para enviarle un mensaje. “Con que para eso están los amigos, ¿eh? Sube cualquier foto y yo muestro lo que encontré en tu billetera. Tus documentos y el dinero los dejaré en recepción, pero lo otro me lo quedo yo. Un abrazo, mi amigo”.

Apagó el computador y volvió a dormir. Su celular sonó al poco rato. Era Lobos. “Propongo un intercambio de rehenes. ¿Te interesa?”.

Paulina no respondió y siguió durmiendo. Soñó con Ignacio, su hijo. La resaca ya había desaparecido.

(Fin del capítulo 2).

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