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Decimotercera entrega de "El Giro del River", la novela exclusiva de PokerNews

  • Osvaldo ColomboOsvaldo Colombo
Decimotercera entrega de "El Giro del River", la novela exclusiva de PokerNews 0001

Capítulo III. Parte 3. Jorge Rojas, Gerente de Casinos Viña y representante de Security Poker en Latinoamérica. El equipo está completo.

Martes 30 de noviembre de 2015.

Jorge Rojas sonrió de satisfacción mientras se miraba en el espejo de su oficina. Estaba viejo, pelado y gordo, ¿pero cuál era el problema? Seguía dominando el tablero, manejando las piezas. ¿Cómo no estar satisfecho?

El Giro del River zarparía esa noche y los 512 cupos del Torneo Principal estaban agotados. Los satélites por Internet tuvieron una gran convocatoria durante los últimos días y fueron varios los que reventaron la tarjeta de crédito a última hora. De un momento a otro, el exclusivo crucero alcanzó el status de imperdible: “El torneo es para la élite mundial”, señaló Rojas en el programa de radio GreenPoker. “Si no juegas, es porque simplemente aún no alcanzas dicho nivel”.

Para lograr tamaño éxito había tomado una decisión difícil. Felizmente, su estrategia resultó en forma óptima. Y si bien parecía un riesgo enorme, la verdad era que si zarpaba con apenas 300 jugadores, Jorge Rojas también estaría acabado.

La movida de última hora le permitió reposicionarse ante sus superiores, que comenzaban a cuestionar su eficiencia. ¿En qué momento olvidó el rol clave de las comunicaciones? Por eso la jugada siguiente al show del sábado fue amarrar a los mejores periodistas pokeros del país: Enrique Galleguillos y Fernando Lobos. Contratándolos, mataba dos pájaros de un tiro: tendría un equipo de primer nivel trabajando a su disposición, pero sobre todo, ambos dejaban de ser una molestia y, tal vez, una amenaza. “Con plata se compran huevos. Sobre todo si son baratos”.

Alguien golpeó a la puerta.

- ¿Sí?
- Soy yo.
- Pasa.

Fernando Lobos ingresó a la oficina orgulloso de sí mismo. Vestía ropa nueva y estaba peinado con gomina.

- Toma asiento. ¿Quieres un café?
- No, gracias.
- Cuéntame.
- Un amigo publicará varios artículos sobre el crucero en el Suplemento del Domingo. De hecho, pretende realizar una gran historia, separada en cuatro capítulos y publicar uno por semana.
- Me parece magnífico, una muy buena publicidad –asintió Rojas-. Pero eso debes verlo con Galleguillos.
- Él me dijo que viniera a hablar con usted –Lobos pareció incómodo-. Lo que pasa es que este amigo, que también es periodista, quiere abordar el crucero y tener acceso a toda la información que necesite.
- No veo problema. Dile que tendrá toda nuestra colaboración. Después, llegado el momento, le ayudaremos a comprender que es imposible acceder a lo que nos pide.
- Conozco a mi amigo y no es tan sencillo –explicó Lobos-. Si le fallamos, sentirá pleno derecho a devolvernos la mano.
- ¿Y qué sugieres?
- Aceptamos y cumplimos su oferta, o la rechazamos. No puede haber término medio.
- Imposible. Debemos aprovechar esa publicidad.
- Pero…
- ¡Nada de peros! –golpeó la mesa con la palma de su mano-. Te estoy pagando un sueldo top para que te comportes como un profesional a la altura. Si no eres capaz de controlar a tu amigo, quizás lo mejor sea contratarlo a él. ¿No crees?
- Me haré cargo.
- ¡Muy bien! ¿Algo más?
- Bueno, sí... lo que pasa es que…
- Te escucho.
- Ni siquiera sé si es importante…
- ¡Deja de dar vueltas y habla, hombre por Dios!
- Estaba revisando la lista de inscritos, para ver si encontraba algún nombre interesante… y así fue –señaló Lobos. Al observar la dura expresión del empresario siguió hablando-: Charles Medina aparece registrado.
- Imposible.
- Se lo estoy diciendo. Revíselo usted mismo.

Jorge Rojas encendió el computador y abrió la carpeta del torneo. Efectivamente, en el número 511, aparecía el nombre del detective privado.

- ¡Pero si no tiene dónde caerse muerto!
- Justo le salió un crédito bancario la semana pasada, pero era para pagar sus deudas.
- Tú eres su amigo, deberías manejar esa información.
- No hablamos desde la fiesta del sábado. Después del escándalo, intenté detenerlo y se enojó conmigo –recordó el periodista-. Al día siguiente fui a buscar mis cosas y ni siquiera me dirigió la palabra.
- Da lo mismo. Reconcíliate y averigua lo que quiere. No deseo más problemas, ¿está claro?
- Sí, señor.
- ¿Algo más?
- Necesito tomarme la tarde libre para preparar mi equipaje. Galleguillos dijo que estaba bien, pero que de todas formas le avisara.
- Está bien. Puedes retirarte -cerró Rojas. Sin embargo, Lobos seguía de pie frente a él-. ¿Qué pasa?
- Sólo quería agradecerle esta oportunidad, don Jorge. Le prometo que no se arrepentirá. Trabajaré muy duro.
- Eso espero. Nos vemos a la noche.

Fernando Lobos salió de la oficina. Jorge Rojas se puso de pie y observó un momento por la ventana. Tomó el teléfono y marcó un número interno.

- Aló, ¿Francisca? Necesito que hablemos –la voz del empresario se quebró-. ¡Ahora mismo! No me importa. Sí. En mi oficina. Ven de inmediato.

Continuará…

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