El Giro del River: Capítulo 2 completo

  • Osvaldo ColomboOsvaldo Colombo
El Giro del River: Capítulo 2 completo 0001

Paulina Moreno, jugadora amateur.

Viernes 27 de noviembre de 2015, Ciudad de México.

Paulina terminó de armar su maleta y revisó la lista de cosas que necesitaría para el viaje. Estaba todo en orden. Cobijó en silencio al pequeño bulto que dormía entre las sábanas, pero no soportó la tentación y acarició suavemente la mata de cabellos desparramada sobre la almohada.

- ¿Mamá, qué pasa?
- Nada, amor mío. Vuelve a dormir.
- ¿A dónde vas?
- Me voy de viaje. Ya lo conversamos.
- Por favor, quédate conmigo- rogó el pequeño.
- Pronto volveré. Te lo prometo. Además, recuerda que si me va bien te traeré la Play 5.
- ¿Y si no te va bien?
- Pues te la traigo igual- sonrió queriendo llorar.
- ¡Eres la mejor mamá del mundo!
- ¿Prometes hacerle caso en todo a la abuela?
- ¡Sí!

Se fusionaron en un abrazo largo que se esfumó tan rápido como el beso fugaz de un reencuentro. Paulina esperó que su pequeño volviera a dormir, tomó la maleta y salió decidida, valiente como una leona que hará lo que sea por su cachorro.

- ¿Ya te vas?
- Sí, mamita. Te encargo mucho a Ignacio.
- Te puedes ir tranquila –sonrió la mujer mientras acariciaba a su cachorra-. Sólo te pido que te cuides. No confíes en desconocidos.
- No te preocupes. Sólo iré a jugar poker. ¿Te conté que Sábato me hará un par de clases?
- ¿El escritor Ernesto Sábato? ¿No estaba muerto?
- Me refiero al jugador de Poker, al campeón del mundo. Parte de mi premio es un coaching junto a él.

La llamaron al celular para informarle que el taxi esperaba afuera. El camino al aeropuerto de Ciudad de México fue en silencio. Esperaba tomar el avión y dormir hasta llegar a Chile. Era su primer vuelo y estaba un poco asustada.
“Por lo menos no habrá escalas”, pensó a modo de consuelo. Serían alrededor de 10 horas de viaje, nada más. Después podría relajarse y descansar en ese largo y delgado país, encerrado entre el Pacífico y la Cordillera de Los Andes, cuna de terremotos y políticos corruptos. ¿Cómo será su gente?

El vuelo transcurrió sin novedades. Llegó al Aeropuerto Arturo Merino Benítez, recogió el equipaje y se dirigió a la salida, donde había un enorme cartel de Security Poker. Paulina se acercó y mostró su pasaporte. El tipo del mesón revisó unos papeles y sonrió amablemente.

- Le doy una calurosa bienvenida a nombre de la empresa –señaló-. El transfer está esperando. ¡Sergio! Ayuda a la señorita con su equipaje.
- En seguida…

Paulina siguió al muchacho de las maletas, que caminaba rápidamente empujando el carrito. Llegaron al furgón y después de acomodar sus pertenencias, se marchó con una sonrisa.

- Debo ir por el resto de los jugadores.

Paulina abordó el vehículo y se sentó a esperar. Sergio regresó a los pocos minutos junto un nuevo pasajero. Repitió la rutina del equipaje y volvió a desaparecer.

- Mucho gusto –saludó el muchacho.
- Hola.
- Me llamo Javier.
- Paulina.
- ¿De dónde es?
- México. ¿Y tú?
- Colombia. ¿Clasificó a través de satélite?
- Sí.
- ¡Yo también! Gané uno que organizó la Federación de mi país. Estuvo durísimo. ¿Y usted?
- Por Internet. Tuve que clasificar varias veces para llegar hasta acá. Partí con un satélite de 10PPP y el último costaba 395.000PPP.
- ¿10 PPP? ¿Habla de Puntos Para Players, verdad? ¿Usted es Paulinastar? -preguntó el colombiano, abriendo los ojos como platos.
- Sí.

La conversación fue interrumpida por un tercer pasajero, que abordó el transfer mientras Sergio ordenaba nuevamente el equipaje.

- Uno más y nos vamos –avisó.

Paulina observó al muchacho de las maletas. Parecía tener energía infinita. Ella, en cambio, estaba agotada.

- ¿Eres Paulinastar? –preguntó el desconocido.
- Sí –sonrió ella.
- ¿Es cierto que no jugaste una mierda?
- ¿Qué?
- Supe que tu novio jugó por ti. Lo leí en un foro.
- Piensa lo que quieras –contestó. No pensaba discutir sobre el tema.
- Vamos, no hay para qué comenzar tan mal –intervino Javier con una carcajada-. Es probable que terminemos todos siendo amigos. ¡Miren! Ahí viene el chico de las maletas. Es hora de irnos. ¡Por fin!

El trayecto al hotel fue en silencio. Paulina sentía mucha rabia. Recordó el día que un periodista la contactó para realizar una entrevista. Ella acababa de clasificar y accedió contenta. ¿Qué tenía de malo? Conversaron de su vida y de su corta carrera en el poker. Ella reconoció que es amateur y que el azar tuvo mucho que ver con su proeza. La publicación causó gran polémica: un sector de jugadores aseguró que Paulina era una impostora y que otro jugador ocupó su cuenta de Internet.

Llegaron al hotel, hicieron check in y cada uno se dirigió a su habitación. Al día siguiente, Security Poker haría su fiesta de bienvenida y se prometían grandes sorpresas.

Sin embargo, Paulina no sentía muchas ganas de celebrar. Ella tenía otros planes para esa noche.

Sábado 28 de noviembre de 2015, Viña del Mar.

Paulina se despertó de golpe. La noche anterior, apenas ingresó a su habitación del hotel, se desplomó sobre la cama para dormir profundamente. Aún estaba vestida con la ropa del viernes. Se desperezó unos segundos y revisó su reloj: eran las 10:00 AM. El buffet para desayunar cerraría en una hora más. Fue al baño, se mojó la cara y subió al octavo piso.

En la entrada del restaurante mostró el pasaporte e informó su número de habitación. Ingresó al salón y quedó impresionada con la cantidad de delicias para comer: mucha fruta, cereales y lácteos. Jugos naturales, quesos y jamones de las variedades más exóticas. Distintos tipos de pan, pasteles, mermelada, mantequilla, miel, palta, huevos, salchichas, tocino y todo aquello que la humanidad ha creado para satisfacer su apetito.

Llenó un plato con frutas y otro con leche y cereales. Los dejó sobre la mesa y regresó por un vaso de jugo. Un garzón se acercó y le ofreció llenar la taza con café. Ella aceptó con la boca llena y sonriente.

- ¡Vaya apetito para una mujer tan pequeña! –rió alguien a sus espaldas. Paulina volteó y se encontró con Javier, el muchacho colombiano del día anterior. Cargaba un plato con palta, jamón y queso-. ¿Me puedo sentar en su mesa?
- Claro.
- Espero que no siga molesta por lo de ayer -sonrió.
- No tengo por qué soportar estupideces. ¿Quiénes son para juzgarme? ¿Qué se creen? Ni siquiera me conocen.
- Es el precio de la fama. Si mil personas leen sobre usted, es inevitable que haya diez, cien o incluso más que sientan envidia, recelo o simplemente no le tengan simpatía. ¿Cuál es el problema? ¡Ni siquiera Dios le gusta a todo el mundo!
- El problema es que son los come mierda quienes siempre postean atacando.
- Es cierto. Son los únicos que tienen tiempo para esas cosas. En mi país es lo mismo, cada vez que una chica logra algo en Internet, aparecen tipos diciendo que jugó el novio. ¡Es un clásico!
- Y lo más gracioso es que ninguno de ellos tiene resultados para mostrar –intervino una tercera voz-. Y si te sirve de algo, tiempo atrás, en Chile pasó exactamente lo mismo.
- ¿Lobito? –preguntó Javier.
- El mismo que canta y ríe, informando para ustedes –sonrió Fernando Lobos-. ¿Cómo estás Javier? ¿Todo bien por Colombia? ¿Cómo van las cosas de la Federación?
- Ahí estamos, luchándola. Las autoridades fastidian bastante. ¿Qué anda haciendo por acá? ¡No me diga que clasificó al torneo!
- Ojalá -suspiró el periodista-. Anoche jugué un satélite, pero no me fue bien.
- Qué lástima.
- Qué se le va a hacer. Mi amigo Charles Medina salió burbuja y quedó con depresión. Estuvo toda la noche llorando... aunque seguramente cree que no lo escuché -añadió tras dudar un segundo-. Tú eres Paulina Moreno, ¿no es así?
- Sí –sonrió ella-. ¿Tú eres el periodista chileno que me entrevistó por Internet?
- ¡El mismo que canta y ríe! –tomó asiento-. ¿Cómo estás?
- Bien, gracias –lo quedó mirando y sonrió-. Ni siquiera pienses en otra entrevista –pinchó un trozo de manzana y agregó:- Sólo me has traído problemas.
- No seas mala –respondió Lobos. Tomó un tenedor y pinchó una uva del plato de la muchacha-. ¿Puedo?
- ¡Pero si ya lo hiciste!
- Gracias –masticó en silencio, mirando hacia arriba, como buscando argumentos en su base de datos. Tragó la fruta y suspiró-. Me arrepiento tanto de estudiar periodismo –pinchó otra uva-. Hace un par de días, invité a Medina a tomar un poco de vino y nos encontramos con un colega, Enrique Galleguillos. En realidad, más que un amigo fue mi maestro. Me enseñó a escribir, a inventar títulos entretenidos, a entrevistar. Lo poco que soy se lo debo a él.
- Mire Paulina, no le crea nada a este muchacho –rió Javier-. Es un manipulador de primera.
- ¿Y qué pasó? –preguntó ella. En realidad, sabía que el periodista exageraba, pero quería escuchar el final de la historia.
- Estaba acabado, triste –continuó Lobos-. Fue chocante. Habló de la diferencia entre hacer Periodismo y Relaciones Públicas. En este mundo del poker, si no ayudas a que el negocio crezca, estás acabado. Por eso, el periodismo de investigación en este deporte vale callampa. Nadie denuncia nada y todos se dedican a sonreír y acariciar las espaldas de los ganadores de turno.
- Interesante –dijo ella-. Aunque siendo sincera, te recomiendo que si te gusta ese tipo de prensa cambies la especialidad. Para informar de Poker no debes ser ningún genio. Sólo basta saber leer y escribir, y en algunos casos, ni siquiera eso.
- ¡La niña sacó las garras! –rió Javier-. ¿Qué dirá ahora el señor periodista?
- Que lo veía venir –dijo Lobos divertido-. Recuerda que hace un par de semanas la entrevisté. Paulina estudió Literatura y es una experta en teoría de juego. Vaya mezcla, ¿no? Sus ídolos, de hecho, son Walt Whitman y John Nash. ¡Imagínate!
- Javier hablaba sobre el machismo del poker en Colombia -agregó ella con una carcajada-. ¡Y él mismo me estaba subestimando! ¡Supongo que ahora me dirás que el Poker se juega con cartas!
- ¿Y con qué otra cosa, si no?
- El Poker se juega con fichas –respondió seria-. Las cartas son una variable secundaria.
- Y por eso, queda claro que Javier Hernández es un fish -apuntó Lobos golpeando la mesa.
- Pues me parece que sí -reconoció éste.

Los tres rieron. Después se creó un silencio misterioso, de esos inexplicables momentos donde el tiempo parece detenerse. No es incómodo, sino más bien natural. La calma antes de la tormenta, dirán algunos.

- Paulina, necesito pedirte un favor.
- Ya te dije que no más entrevistas.
- No es eso, quiero entrar a la recepción de esta noche que organiza Security Poker. Y como soy freelance, no pude conseguirme credencial.
- Esta noche no puedo, tengo cita con Jorge Luis Sábato.
- ¿En serio? ¡No lo sabía! Si quieres te acompaño y después vamos a la fiesta. ¡Por fa!
- Vaya que si eres manipulador -se rió ella. Sin duda, la situación le parecía de lo más graciosa-. ¿Quieres entrevistar a Sábato?
- Sí, pero no es la única meta que tengo esta noche -sonrió coqueto.
- Está bien, puedes acompañarme, pero sólo como amigos. ¿Está claro?
- Trato hecho -dijo el periodista mientras se levantaba de la silla. Un guardia se acercó a la mesa.
- ¿En qué habitación aloja el señor?
- En la oficina del gran detective Charles Medina. No es muy grande ni cómoda, pero me tratan como a un hermano -contestó Lobos antes de despedirse-. Paulina, nos vemos a la noche, coordinamos detalles por Facebook.

Sábado 28 de noviembre de 2015. 21:00 hrs., Viña del Mar.

Paulina terminó de ducharse y caminó desnuda por la habitación. Tomó un par de toallas para secarse mientras observaba un noticiero chileno por televisión, mostrando los goles del campeonato nacional de fútbol. Tomó el control remoto y cambió de canal. Farándula. Volvió a apretar el botón. Policial. Sangre. Y así. Cada señal mostraba basura distinta. “Los medios acá no te dicen qué pensar, pero sí te dicen sobre qué pensar”. El sonido del citófono interrumpió sus reflexiones.

- ¿Sí?
- Don Fernando Lobos se encuentra en el lobby.
- Que suba, por favor.

Se vistió rápido. Pantalón deportivo, peto y zapatillas. Sin ropa interior. Y por supuesto, gafas. Un aspecto sencillo y que resaltaba las bondades de su cuerpo. Sonó el timbre y abrió la puerta. Lobos le entregó una pequeña flor y entró en la habitación.

- ¿Fumemos?
- No se puede, hay detectores de humo –señaló el techo-. Además, no fumo.
- Los rumores dicen que son sólo de adorno –rió el periodista-. Aunque entiendo que no quieras arriesgarte. Si quieres, podemos ir al baño.
- ¿Al baño?
- Claro. Hay buenos extractores. Piensa que en este hotel han descansado rusos, alemanes, tipos capaces de comer dos kilos de patatas y defecarla al instante.
- Cuando sueltas la lengua, eres una máquina de hablar estupideces. Te recomiendo que frente a Sábato pienses mucho cada palabra.
- Esperaba que te rieras –se sonrojó-. ¿Me acompañas al menos?
- Ok.

Entraron al baño. Lobos sacó una pipa de vidrio y la rellenó.

- Pensé que hablabas de tabaco.
- Eso es para cretinos. ¿Quieres?
- No. Me gusta estar lúcida.
- Interesante. A mí me hace ver la Matrix.
- Y parece que te va muy bien.
- Qué mala eres. Por lo menos, soy libre.
- ¿Insinúas que no lo soy?
- Para nada –respondió el Lobo alzando los hombros-. Sí puedo decir que eres brillante, pero además soberbia y competitiva. No sé en qué momento pasamos a ser rivales.
- Tienes razón –rió ella-. Discúlpame. Estuve revisando Internet y siguen hablando estupideces. Eso me tiene tildada.
- ¿Todavía hablan de ti? Deberías estar contenta. Tienes un gran impacto en el público. No me parecería extraño que te sumes a algún Team cuando regreses a México. ¿Te puedo preguntar algo?
- Claro.
- ¿Por qué viniste sola? El paquete es para dos personas.
- Me dieron la opción de cambiar el cupo por USD$1.500 de viático.
- No lo sabía.
- Fue la mejor excusa -sonrió ella-. Traer acompañante implica dedicarle tiempo y yo no vine de vacaciones.
El chileno terminó de fumar y salieron de la habitación. Caminaron al ascensor y bajaron al segundo piso, a la oficina más grande del hotel, según sabía Lobos. Tocaron el timbre y abrió un tipo alto y gordo, vestido de impecable etiqueta.
- Hola, soy Paulina Moreno, tengo cita con Jorge Luis Sábato.
- ¿Y quién es él?
- Se llama Fernando Lobos. Es periodista y viene conmigo.
- La cita es sin invitados extra –dijo una voz desde el fondo.
- Escribe un reportaje sobre mi experiencia en El Giro del River –respondió Paulina-. Quizás lo venda a Security Poker, ¿serás tú quien le impida hacer su trabajo?
- Está bien, que pasen –respondió la voz tras un par de segundos-. Pero no pienso perder mi tiempo. ¿Está claro?
- Es un honor conocerte –dijo Fernando Lobos extendiendo su mano. Sábato aceptó el saludo-. Prometo no molestar. Sólo quiero escucharte.
- Bien –cerró-. Paulina, ¿hace cuánto juegas poker?
- Tres meses.
- ¿Sólo tres meses? Vaya que es jodida la varianza –rió-. Supongo que fue típica suerte de principiante.
- No me digas que crees en esas cosas –contestó ella.
- Creo en la varianza, el azar y cada una de las variables que componen este escenario, donde cada jugada es única e irrepetible -respondió él como si leyera un poema-. Por eso ocupamos la estadística, cálculos para diseñar estrategias vencedoras utilizando probabilidades, medias ponderadas, inversión versus riesgo y distribución de fondos. Al igual que en la vida, en el mundo del poker debemos tomar decisiones y asumir riesgos ante componentes aleatorios.
- ¿Hablaremos sobre estadística o Teoría de Juegos? –preguntó Paulina-. Se supone que la clase era sobre el comportamiento de las personas, no de estudiar el azar.
- No abuses de tu inteligencia. Es una simple introducción.
- Lo lamento…
- En el mundo real, los resultados dependen de las decisiones de distintos agentes. En el Poker es lo mismo, cada jugador cumple un papel, y por sobre todo, también quiere ganar. Sabiéndolo, adoptamos un comportamiento estratégico, tomando en cuenta la influencia del conjunto sobre el resultado propio y ajeno de las decisiones propias y ajenas.
- Es decir, cada movimiento debe ser pensando en cada integrante de la mesa, consciente además, de que uno mismo influye en el comportamiento de todos.
- Parece que no me aburriré tanto como esperaba -sonrió Sábato-. ¿Quieren una cerveza?

Domingo 28 de noviembre de 2015, Viña del Mar.

Paulina abrió los ojos y todo le dio vueltas. Tenía la boca seca y un agudo dolor de cabeza. Hace tiempo que no sentía una resaca tan, pero tan fuerte. No recordaba a qué hora se había acostado. Nuevamente estaba vestida con la ropa de la noche anterior.

Miró su reloj: era pasado mediodía, ya no alcanzaba a desayunar gratis. De pronto, sintió una respiración a su lado. Alguien ahogó una risa.

- ¡Vaya, vaya! ¡Despertó la princesa!
- ¿Qué haces aquí?
- Mentira que no te acuerdas –rió Lobos-. Vinieron dos veces de recepción a reclamar por tus gritos.
- ¿Qué?
- Gritabas ¡All in! ¡Im all in!
- ¿Ah?
- Cálmate –siguió riendo-. Yo dormí en el sillón.
- No recuerdo nada –confesó más tranquila-. ¿Qué pasó?
- Te pusiste a jugar Heads Up con Jorge Luis Sábato. Apostaban golpeados de tequila jugando a cartas abiertas. Yo tomaba con el que perdía.

Paulina comenzó a recordar. Abrió los ojos asustada.

- ¡También apostamos dólares!
- Claro. Le ganaste más de 10K. Después querías jugárselos a cambio del brazalete de la WSOP. Obviamente, él no aceptó.
- ¿Y me puse a gritar all in, all in?
- No –rió Lobos-. Eso fue al final. Antes fuimos a la recepción de Security Poker y nos recuperamos con el buffet gratis. Discutimos un rato de filosofía y te pedí que me alojaras porque ya era tarde.
- ¿Filosofía?
- Bueno, no sé. Algo así. Hablamos de la muerte.
- Tú decías que no hay muerte injusta.
- No con esas palabras. Creo que cuando alguien se va es porque ya cumplió un ciclo y necesita renacer para seguir avanzando. De todas formas, entiendo que me terminaré mordiendo la lengua. La verdad es que nunca he perdido a algún ser amado, al menos en esos términos.
- No me agrada tu misticismo.
- Fue lo mismo que dijiste anoche –sonrió el periodista-. El caso es que te enojaste porque recordaste a tu abuelita y dijiste que yo era un insensible que no entendía nada sobre el amor. Ahí me heriste.
- Ridículo.
- Hablo demasiado en serio. ¿Acaso no puedo sentirme mal? ¿Qué sabes tú sobre yo y el amor? ¿Imaginas acaso lo que he sufrido? ¡Tú eres la insensible!
- Cállate que estoy recordando. Después seguimos bebiendo. ¡Ay! –una imagen del baile hot que protagonizó con Sábato bombardeó su memoria-. ¡Nos sacaste fotos!
- Puede ser…
- ¡Eres un descarado!
- ¿Yo? ¡Pero si hace unos segundos era la víctima!
- ¡Y además me ganaste 2K!
- No cambies el tema.
- ¡Yo seguía borracha y te aprovechaste! Eres una mierda de ser humano, Fernando Lobos.
- A ver, a ver –se puso serio y negó moviendo el índice-. En primer lugar, tú querías jugar. Y segundo, Sábato también estaba borracho cuando le ganaste esa brutalidad de dinero. ¿Se lo vas a devolver?
- Sigo pensando que eres una mierda…
- Y no eres la única -suspiró –. Pero volvamos a mi tema con el amor…
- Déjate de ridiculeces –lo interrumpió-. Ya está. Quiero que borres esas fotos.
- Claro que lo haré. Para eso están los amigos, ¿no? Para ayudarse unos a otros. Incluso, si quieres, te devolveré los 2K que te gané anoche.
- Para eso están los amigos –respondió ella para ganar un par de segundos. La resaca no le permitía pensar con claridad-. Y supongo que quieres algo a cambio.
- Anoche hablé con Jorge Rojas, el gerente de casinos Viña. Es el organizador de “El Giro del River” y tenemos una buena relación. Me dijo que si pagaba los 1.500 dólares, y conseguía quien me alojara, podría tomar el barco.
- Cabrón. Hijo de puta. Me estás chantajeando.
- No lo veas de esa forma. Somos amigos, ¿o no? Piensa que te devolveré el dinero completo. Eso habla, sobre todo, de mi buena voluntad
- Dime dónde están las fotos.
Fernando Lobos le pasó una pequeña cámara digital. Paulina la tiró al suelo y la rompió de una patada.
- Vete de aquí.
- ¿Crees que soy estúpido? ¡Obvio que tengo respaldo!
- Haz lo que quieras. ¡Ándate o llamo a seguridad!
- Pero…

Paulina tomó el citófono y se comunicó con recepción. Fernando Lobos desapareció al instante. Colgó el aparato y cruzó los brazos sobre el pecho. “Ahora sí que los trolls de Internet tendrán material para regocijarse”, pensó.
Tomó una ducha y se vistió con ropa limpia. Bajó al casino a desayunar y se dio un gran banquete. Después de todo, acababa de ganar 8K y podía darse unos cuantos lujos.

“Ganaré el torneo”, juró en su fuero interno. Cerró los ojos y entró en una especie de trance. “A cambio, dioses nuevos, dioses antiguos, les prometo que no beberé más alcohol mientras dure la competencia. El resto, que sea voluntad de ustedes”.

Un mozo la miró asustado. Ella le sonrió y éste se alejó a paso largo. Terminó de comer y regresó a la habitación. Durmió una siesta y al despertar subió al sauna del onceavo piso. Botó las toxinas del alcohol y pidió que le llevaran la cena a su recámara: un buen ceviche de reineta y pulpo. Después pinchó la televisión y encontró la retransmisión de la mesa final del Main Event de la WSOP, cuando Sábato se coronó campeón del mundo.

De pronto, dejó de mirar la pantalla y descubrió algo que hasta entonces no había visto. La billetera de Fernando Lobos descansaba en la mesita ubicada junto a la tele. La tomó y comenzó a revisarla.

Prendió el computador y pinchó el facebook del periodista para enviarle un mensaje. “Con que para eso están los amigos, ¿eh? Sube cualquier foto y yo muestro lo que encontré en tu billetera. Tus documentos y el dinero los dejaré en recepción, pero lo otro me lo quedo yo. Un abrazo, mi amigo”.

Apagó el computador y volvió a dormir. Su celular sonó al poco rato. Era Lobos. “Propongo un intercambio de rehenes. ¿Te interesa?”.

Paulina no respondió y siguió durmiendo. Soñó con Ignacio, su hijo. La resaca ya había desaparecido.

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