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Undécima entrega de "El Giro del River", la novela exclusiva de PokerNews

  • Osvaldo ColomboOsvaldo Colombo
Undécima entrega de "El Giro del River", la novela exclusiva de PokerNews 0001

Capítulo III. Parte 1. Jorge Rojas, Gerente de Casinos Viña y representante de Security Poker en Latinoamérica.

Domingo 28 de noviembre de 2015. 02:00.

Jorge Rojas cerró los ojos y bebió un trago de whisky. Estaba nervioso, no podía negarlo. Tamborileó con sus dedos sobre el escritorio y terminó su bebida. No dejaba de lamentarse.

¿En qué momento se comprometió a organizar tamaña barbaridad de crucero? El, que ya estaba viejo, tenía experiencia y olfato, sabía identificar los buenos o malos negocios. ¿Por qué creyó que realizar este evento era posible? ¿Cómo pudo ser tan imbécil?

“A la mierda El Giro del River”, pensó mientras volvía a llenar su vaso. Fue una locura comprometer USD$10.000.000 garantizados, pero se dejó llevar. El triunfo de Sábato generó un boom mediático que entusiasmó hasta al más pesimista. Todo el mundo quería aprender a jugar Poker. Sin embargo, él era Jorge Rojas, capo de capos en materia de casinos, y tenía prohibido equivocarse.

Miró la pantalla de su computador. Hasta el momento, iban casi 300 inscritos, poco más de la mitad estipulada. Había agotado las gestiones para conseguir jugadores, pero sus movimientos estuvieron lejos de ser suficientes.

Su teléfono comenzó a sonar y contestó.

- ¿Aló?
- Don Jorge, acaba de terminar el satélite. Debe venir a entregar los premios.

Apuró su resto de whisky, masticó una pastilla de menta y se puso de pie. Caminó hacia la puerta, salió de su oficina y se dirigió a la sala de ceremonias.

- ¡Felicitaciones a los ganadores!

Se fotografió uno a uno con los clasificados. En total, eran tres.

- Jorge, tienes tiempo para una entrevista.
- ¡Hola Enrique! ¿Puede ser mañana? Estoy algo cansado.
- No hay problema. ¿Pero me puedes dar unos minutos? Me gustaría que conversáramos.
- Claro. Vamos a la fiesta de bienvenida y nos tomamos un trago. Debo marcar presencia.

Caminaron junto al resto de los jugadores a la gigantesca carpa instalada a la salida del casino. La música se escuchaba desde lejos. En la entrada, dos guardias controlaban el acceso mediante las pulseras que entregó Security Poker al momento de la inscripción. Obviamente, Enrique Galleguillos carecía de una.

- Viene conmigo- explicó Rojas.

Ingresaron y caminaron hacia la barra de tragos. Él pidió otro whisky y Galleguillos una piscola.

- Supe que estás en problemas- comentó el periodista.
- Como siempre, sabes más de mí que yo mismo –sonrió Rojas.
- ¿Tengo razón entonces? ¿Es cierto que no podrás asegurar el garantizado?
- Te dije que la entrevista sería mañana.
- Es una conversación off the record. No publicaré nada de lo que hablemos esta noche.
- ¿Estás trabajando en algún medio?
- Bueno, no… -por primera vez pareció incomodarse-. Estoy armando mi propio sitio web, pero falta mucho para lanzarlo oficialmente.
- ¿Necesitas ayuda? Yo podría conseguirte financiamiento.
- No, gracias. Prefiero mantenerme independiente.
- ¿Y de dónde sacarás dinero?
- Buscaré publicidad en otras áreas. No deseo deberte favores.
- Concederte una entrevista es un favor.
- Un favor que yo te hago a ti. Pretendo escribir un reportaje sobre el fracaso de El Giro del River y te estoy dando la opción de hacer tus descargos.
- ¿Fracaso? ¿De qué hablas?
- Estuve sacando cuentas y ni siquiera has llegado a la mitad de inscritos.
- Te equivocas. Con el satélite de hoy alcanzamos los 300.
- Un bonito número, pero para llegar al garantizado, necesitas 500.
- El máximo es 512 –señaló Rojas-. De todas formas, la empresa siempre estuvo dispuesta a afrontar las pérdidas. Esto es una inversión.

La conversación fue interrumpida por una oleada de gritos y carcajadas. Jorge Luis Sábato, el gran campeón del mundo, estaba completamente borracho. Lo acompañaban una muchacha, bastante guapa, y Fernando Lobos, que al observarlos se acercó a saludar.

- ¡Las dos grandes leyendas del Poker chileno! –rió. También estaba pasado de copas.
- Hola, Lobito. ¿Todo bien?
- ¡Maravilloso! Entrevisté a Sábato y me dio varias bombas.
- Cuéntanos…
- Mejor que sea sorpresa –contestó guiñando un ojo-. Don Jorge, ¿es cierto que si me consigo USD$1.500 puedo abordar el crucero?
- Así es, pero debes conseguir que te aloje algún inscrito que no tenga acompañante.
- Me parece razonable –respondió. Se cruzó de brazos y quedó en silencio, hasta que un ruido interrumpió sus pensamientos-. ¿Pero qué es eso?

Entre carcajadas, Paulina Moreno y Jorge Luis Sábato subieron al escenario. Comenzaron a moverse al ritmo de la música, en una escena bastante grotesca. Lobos prendió su celular y se alejó con una sonrisa.

- Acabo de encontrar mi ticket para el barco –explicó-. Enrique, don Jorge, fue un gusto charlar con ustedes. Nos vemos pronto.

Ambos observaron a Lobos fotografiando el espectáculo del campeón del mundo con aquella belleza desconocida. Galleguillos se alzó de hombros e intentó disculparse.

- Es un muchacho brillante, pero prefiere la farándula al periodismo serio.
- No tienes por qué hacerte responsable. Tú tienes un nombre y el tiene el suyo.

La conversación fue interrumpida por uno de los guardias.

- Don Jorge, tenemos un problema.
- ¿Qué pasa?
- Hay un individuo que insiste en hablar con usted, pero no tiene pulsera.
- ¿Dijo cómo se llamaba?
- Sí, señor. Medina, Charles Medina.
- Ve por él y tráelo. Si se pone violento lo sacas de inmediato.

El encargado de seguridad desapareció y regresó al instante. El detective lo acompañaba cabizbajo. Tenía la mirada perdida.

- ¿Qué haces aquí, Medina?
- Necesitaba hablar contigo.
- Bueno –intervino Galleguillos-. Es hora de irme. Jorge, te llamo mañana para la entrevista.
- Está bien –contestó mientras el periodista se marchaba. Luego se dirigió al guardia que acompañaba al detective-. Miguel, puedes volver a tu puesto. Supongo que Medina quiere que conversemos solos.
- Sigues tratando a tus guardias como perros –señaló el detective privado-. Hay cosas que no cambian.
- Dime qué es lo que quieres.
- ¿Qué quiero? Recuperar mi vida. Quiero que me devuelvas mi trabajo, a Francisca y toda esa vida de clase media que no supe valorar.
- Sabes que no puedo hacerlo.
- ¿Podrías hablar con Francisca por lo menos?
- No es asunto mío. ¿Sobre eso querías conversar?
- No sé, de verdad que no sé –sollozó-. En realidad, quería decirte que me cagaste la vida. A eso vine.
- Eres patético, Medina. Me gustabas más cuando te comportabas como un hombre.
- ¿Eso crees, viejo maricón? –exclamó mientras lanzaba un certero puñetazo al mentón de Rojas-. Toda la fiesta quedó en silencio. Medina se disponía a seguir golpeando al empresario, pero alguien lo sujetó con fuerza por la espalda.
- ¡Cálmate! –era Fernando Lobos-. ¡No vale la pena!
- Tú cállate, maldito chupasangre. ¡Me tienes cansado! ¿Has pensado que el resto del mundo no nació para ayudarte?

Lobos soltó a Medina. Ambos se quedaron estáticos. Los dos guardias de la entrada aparecieron a los pocos segundos e inmovilizaron al detective, que no ofreció resistencia.

- Me cagaste la vida. Me cagaste la vida –siguió repitiendo mientras se lo llevaban-. Me cagaste la vida…

(Continuará)...

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