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El Giro del River: Capítulo 3 completo

  • Osvaldo ColomboOsvaldo Colombo
El Giro del River: Capítulo 3 completo 0001

Jorge Rojas, Gerente de Casinos Viña y representante de Security Poker en Latinoamérica.

Domingo 28 de noviembre de 2015. 02:00. Viña del Mar

Jorge Rojas cerró los ojos y bebió un trago de whisky. Estaba nervioso, no podía negarlo. Tamborileó con sus dedos sobre el escritorio y terminó su bebida. No dejaba de lamentarse.

¿En qué momento se comprometió a organizar tamaña barbaridad de crucero? El, que ya estaba viejo, tenía experiencia y olfato, sabía identificar los buenos o malos negocios. ¿Por qué creyó que realizar este evento era posible? ¿Cómo pudo ser tan imbécil?

“A la mierda El Giro del River”, pensó mientras volvía a llenar su vaso. Fue una locura comprometer USD$10.000.000 garantizados, pero se dejó llevar. El triunfo de Sábato generó un boom mediático que entusiasmó hasta al más pesimista. Todo el mundo quería aprender a jugar Poker. Sin embargo, él era Jorge Rojas, capo de capos en materia de casinos, y tenía prohibido equivocarse.

Miró la pantalla de su computador. Hasta el momento, iban casi 300 inscritos, poco más de la mitad estipulada. Había agotado las gestiones para conseguir jugadores, pero sus movimientos estuvieron lejos de ser suficientes.

Su teléfono comenzó a sonar y contestó.

- ¿Aló?
- Don Jorge, acaba de terminar el satélite. Debe venir a entregar los premios.
Apuró su resto de whisky, masticó una pastilla de menta y se puso de pie. Caminó hacia la puerta, salió de su oficina y se dirigió a la sala de ceremonias.
- ¡Felicitaciones a los ganadores!

Se fotografió uno a uno con los clasificados. En total, eran tres.

- Jorge, tienes tiempo para una entrevista.
- ¡Hola Enrique! ¿Puede ser mañana? Estoy algo cansado.
- No hay problema. ¿Pero me puedes dar unos minutos? Me gustaría que conversáramos.
- Claro. Vamos a la fiesta de bienvenida y nos tomamos un trago. Debo marcar presencia.

Caminaron junto al resto de los jugadores a la gigantesca carpa instalada a la salida del casino. La música se escuchaba desde lejos. En la entrada, dos guardias controlaban el acceso mediante las pulseras que entregó Security Poker al momento de la inscripción. Obviamente, Enrique Galleguillos carecía de una.

- Viene conmigo- explicó Rojas.

Ingresaron y caminaron hacia la barra de tragos. Él pidió otro whisky y Galleguillos una piscola.

- Supe que estás en problemas- comentó el periodista.
- Como siempre, sabes más de mí que yo mismo –sonrió Rojas.
- ¿Tengo razón entonces? ¿Es cierto que no podrás asegurar el garantizado?
- Te dije que la entrevista sería mañana.
- Es una conversación off the record. No publicaré nada de lo que hablemos esta noche.
- ¿Estás trabajando en algún medio?
- Bueno, no… -por primera vez pareció incomodarse-. Estoy armando mi propio sitio web, pero falta mucho para lanzarlo oficialmente.
- ¿Necesitas ayuda? Yo podría conseguirte financiamiento.
- No, gracias. Prefiero mantenerme independiente.
- ¿Y de dónde sacarás dinero?
- Buscaré publicidad en otras áreas. No deseo deberte favores.
- Concederte una entrevista es un favor.
- Un favor que yo te hago a ti. Pretendo escribir un reportaje sobre el fracaso de El Giro del River y te estoy dando la opción de hacer tus descargos.
- ¿Fracaso? ¿De qué hablas?
- Estuve sacando cuentas y ni siquiera has llegado a la mitad de inscritos.
- Te equivocas. Con el satélite de hoy alcanzamos los 300.
- Un bonito número, pero para llegar al garantizado, necesitas 500.
- El máximo es 512 –señaló Rojas-. De todas formas, la empresa siempre estuvo dispuesta a afrontar las pérdidas y no olvides que tendremos mesas de cash funcionando todo el mes. Esto es una inversión.

La conversación fue interrumpida por una oleada de gritos y carcajadas. Jorge Luis Sábato, el gran campeón del mundo, estaba completamente borracho. Lo acompañaban una muchacha, bastante guapa, y Fernando Lobos, que al observarlos se acercó a saludar.

- ¡Las dos grandes leyendas del Poker chileno! –rió. También estaba pasado de copas.
- Hola, Lobito. ¿Todo bien?
- ¡Maravilloso! Entrevisté a Sábato y me dio varias bombas.
- Cuéntanos…
- Mejor que sea sorpresa –contestó guiñando un ojo-. Don Jorge, ¿es cierto que si me consigo USD$1.500 puedo abordar el crucero?
- Así es, pero debes conseguir que te aloje algún inscrito que no tenga acompañante.
- Me parece razonable –respondió. Se cruzó de brazos y quedó en silencio, hasta que un ruido interrumpió sus pensamientos-. ¿Pero qué es eso?

Entre carcajadas, Paulina Moreno y Jorge Luis Sábato subieron al escenario. Comenzaron a moverse al ritmo de la música, en una escena bastante grotesca. Lobos prendió su celular y se alejó con una sonrisa.

- Acabo de encontrar mi ticket para el barco –explicó-. Enrique, don Jorge, fue un gusto charlar con ustedes. Nos vemos pronto.
Ambos observaron a Lobos fotografiando el espectáculo del campeón del mundo con aquella belleza desconocida. Galleguillos se alzó de hombros e intentó disculparse.

- Es un muchacho brillante, pero prefiere la farándula al periodismo serio.
- No tienes por qué hacerte responsable. Tú tienes un nombre y el tiene el suyo.

Uno de los guardias se acercó a donde estaban.

- Don Jorge, tenemos un problema.
- ¿Qué pasa?
- Hay un individuo que insiste en hablar con usted, pero no tiene pulsera.
- ¿Dijo cómo se llamaba?
- Sí, señor. Medina, Charles Medina.
- Ve por él y tráelo. Si se pone violento lo sacas de inmediato.

El encargado de seguridad desapareció y regresó al instante. El detective lo acompañaba cabizbajo. Tenía la mirada perdida.

- ¿Qué haces aquí, Medina?
- Necesito hablar contigo.
- Bueno –intervino Galleguillos-. Es hora de irme. Jorge, te llamo mañana para la entrevista.
- Está bien –contestó mientras el periodista se marchaba. Luego se dirigió al guardia que acompañaba al detective-. Miguel, puedes volver a tu puesto. Supongo que Medina quiere que conversemos solos.
- Sigues tratando a tus guardias como perros –señaló el detective privado-. Hay cosas que no cambian.
- Dime qué es lo que quieres.
- ¿Qué quiero? Recuperar mi vida. Quiero que me devuelvas mi trabajo, a Francisca y toda esa vida de clase media que no supe valorar.
- Sabes que no puedo hacerlo.
- ¿Podrías hablar con Francisca por lo menos?
- No es asunto mío. ¿Sobre eso querías conversar?
- No sé, de verdad que no sé –sollozó-. En realidad, quería decirte que me cagaste la vida. A eso vine.
- Eres patético, Medina. Me gustabas más cuando te comportabas como un hombre.
- ¿Eso crees, viejo maricón? –exclamó mientras lanzaba un certero puñetazo al mentón de Rojas-. Toda la fiesta quedó en silencio. Medina se disponía a seguir golpeando al empresario, pero alguien lo sujetó con fuerza por la espalda.
- ¡Cálmate! –era Fernando Lobos-. ¡No vale la pena!
- Tú cállate, maldito chupasangre. ¡Me tienes cansado! ¿Has pensado que el resto del mundo no nació para ayudarte?

Lobos soltó a Medina. Ambos se quedaron estáticos. Los dos guardias de la entrada aparecieron a los pocos segundos e inmovilizaron al detective, que no ofreció resistencia.

- Me cagaste la vida. Me cagaste la vida –siguió repitiendo mientras se lo llevaban-. Me cagaste la vida…

Lunes 29 de noviembre de 2015. Viña del Mar.

Jorge Rojas llegó temprano a su oficina. Abrió El Mercurio y, como todos los lunes, comenzó la semana leyendo el suplemento deportivo. Debido al golpe que Medina encajó en su rostro, pasó todo el domingo en cama, acostado viendo televisión. Fue la excusa perfecta para relajarse. Sin duda, el show que montó junto al detective fue la mejor jugada comunicacional del último tiempo.

Alguien golpeó la puerta.

- ¿Quién es?
- Enrique Galleguillos.
- Adelante.

El periodista entró en la oficina y se quedó mirando fijamente al empresario.

- ¿Qué pasa?
- Tienes el rostro intacto.
- ¿A qué te refieres?
- Hace menos de dos días te nockean y resulta que no tienes ni un moretón. Se supone que Medina es un tipo fuerte.
- Sí, bueno… la verdad es que alcancé a esquivarlo.
- Viejo zorro. ¿Cuántos inscritos llevas?
- Poco más de 400.
- Es decir, ayer sumaste más de cien. Y cómo no, si todos los medios hablaron del escándalo en la fiesta de bienvenida. Fue la mejor publicidad que pudiste conseguir –rió-. Debo reconocerte el punto. La única duda es el rol que jugó Medina. ¿Fue tu víctima o tu cómplice?
- No sé de qué hablas.
- Claro, cómo ibas a saberlo –comentó Galleguillos con tono irónico-. No me extrañaría que tú mismo hayas ordenado el show que se montó Sábato con la chica guapa. Eso también fue buena publicidad.
- No sé de qué hablas.
- Ya está bien, entiendo. No dirás nada -suspiró-. ¿Comenzamos con la entrevista?
- Cuando gustes, pero te aclaro de antemano que solamente hablaré de Póker. No me referiré al escándalo del sábado.
- Lo vi todo. No necesito preguntar sobre el tema –apuntó al computador-. Veo que te gusta el fútbol, ¿eres seguidor de algún club?
- Para nada. Reviso estas noticias para medir el clima.
- No entiendo…
- Es muy fácil. Colo Colo, por ejemplo, es el equipo más popular del país. Si va puntero, puede pasar mucha mierda bajo el puente. ¿Recuerdas haces unos meses los casos PENTA y SQM?
- Políticos corruptos, el pueblo estafado y todos hablando de lo bien que estaban los albos. Me acuerdo perfecto. Pero después ocurrió el temporal en el norte y hubo cambio de planes. ¿Quién se habría imaginado el campañón de Cobresal?
- Exacto –rió el empresario-. Lo mejor fue que todos, incluso los perdedores, reconocieron que debido a las circunstancias, fue un final de torneo excelente. Algo parecido a lo del año pasado, cuando Wanderers luchó por el campeonato hasta la última fecha, en el mismo periodo del incendio que azotó Valparaíso.
- Es verdad. ¿Recuerdas que la derecha no era la única con mierda hasta el cuello? Por esos días, se supo que el hijo de la presidenta pidió un crédito a la familia Luksic por miles de millones de pesos. Después, compró unos terrenos en Machalí a precio de huevo.
- Siempre pensé que ese gordito de Sebastián tenía problemas mentales –añadió Rojas-. Recuerdo cuando era pequeño, le gustaba aplastar hormigas con una piedra. ¡Daaaa! ¡Daaaaaaaaa!, gemía al machacarlas. A veces también las ahogaba o las quemaba con una lupa. Todo un personaje.
- Me encantan las teorías de conspiración. De hecho, tengo un dato más: por esos días se modificó la Ley Laboral. Esa noticia pasó como buena, pero nadie se molestó en revisar los detalles. Ahora es más complicado organizar sindicatos y huelgas de verdad. ¿Pero por qué estamos hablando de esto?
- Información es poder, ¿no es así? Lo del fútbol es un ejemplo. El resto de los equipos también son marionetas. Para qué hablar de la farándula.
- Estoy de acuerdo, pero no veo dónde quieres llegar.

El empresario se levantó de su asiento, se acercó al periodista y posó ambas manos sobre sus hombros.

- Enrique, aún estás a tiempo de hacer tu última jugada.
- ¿A qué te refieres?
- Pierdes tu tiempo con esa tontera del periodismo independiente. Te lo digo yo. Trabaja conmigo.
- ¿Podemos realizar la entrevista, por favor?
- Mira Enrique. Todo esto es un juego. Y no me refiero al poker, a los casinos. Te estoy hablando de la vida. La vida es un juego. El 1% dirige el juego, el 19% juega el juego y el resto no tiene la más remota idea que está jugando este juego –volvió a sonreír-. Tú perteneces al 19%, lo reconozco. Eres brillante, también lo reconozco. Pero mírate, tienes casi 50 años y aún no has logrado nada, viviendo al tres y al cuatro, como cualquier tipo sin talento.
- ¿Me estás adulando o me estás atacando?
- Ni lo uno ni lo otro. Te estoy ofreciendo entrar en el 1%. Dirigir el juego. Trabajar juntos. Dominar.
- ¿Y qué quieres que haga?
- Ya te dije. Trabaja conmigo. Abordemos juntos El Giro del River y encárgate de que el mundo vea que estamos desarrollando la mejor fiesta de la historia.
- ¿Y si no es la mejor fiesta de la historia?
- Eso no importa. ¿Me estás escuchado o quizás te sobreestimé? Si El Giro del River pasa a la historia, dependerá de tus fotos, tus noticias y tus videos.
- ¿Y si no pasa?
- Será tu culpa. Tuya y de nadie más.
- Me sorprende esta oferta –contestó el periodista-. Y también me halaga, si quieres que te sea sincero, pero no puedo aceptarla. ¿Crees que me venderé a estas alturas de mi vida? Qué poco me conoces.
- Así lo creo. Pienso que tus capacidades no han sido aprovechadas y yo te estoy ofreciendo pagar lo que vales. Lo que en realidad vales.
- No te cobraría barato…
- ¡Por supuesto que no! ¡Ese es el punto! –se quedó un par de segundos en silencio, para que el sensual olor del dinero llenara los pulmones de Galleguillos-. Vi cómo mirabas a la chica mexicana cuando se montó ese show barato con Sábato en la ceremonia de bienvenida. También vi cómo observabas a nuestras promotoras. ¡Con la chica de la barra casi te derrites! Sé que estás cansado, puedo verlo en tus ojos.
- Quizá tengas razón, estoy cansado. Pero no entiendo a dónde quieres llegar.
- Mientras más dinero, más poder. Mientras más poder, mejores coños. Por eso todas estas mujeres te resultan inalcanzables. No tienes poder. Eso fue lo que pensaste cuando viste a Sábato. No envidiaste su juventud ni su inteligencia. Mucho menos su carisma. Solamente su dinero y todo lo que éste puede conseguir.
- Espero que tu oferta realmente valga la pena.
- Por supuesto, amigo mío. El dinero jamás será un problema entre nosotros.

Martes 30 de noviembre de 2015. Viña del Mar.

Jorge Rojas sonrió de satisfacción mientras se miraba en el espejo de su oficina. Estaba viejo, pelado y gordo, ¿pero cuál era el problema? Seguía dominando el tablero, manejando las piezas. ¿Cómo no estar satisfecho?

El Giro del River zarparía esa noche y los 512 cupos del Torneo Principal estaban agotados. Los satélites por Internet tuvieron una gran convocatoria durante los últimos días y fueron varios los que reventaron la tarjeta de crédito a última hora. De un momento a otro, el exclusivo crucero alcanzó el status de imperdible: “El torneo es para la élite mundial”, señaló Rojas en el programa de radio GreenPoker. “Si no juegas, es porque simplemente aún no alcanzas dicho nivel”.

Para lograr tamaño éxito había tomado una decisión difícil. Felizmente, su estrategia resultó en forma óptima. Y si bien parecía un riesgo enorme, la verdad era que si zarpaba con apenas 300 jugadores, Jorge Rojas también estaría acabado.

La movida de última hora le permitió reposicionarse ante sus superiores, que comenzaban a cuestionar su eficiencia. ¿En qué momento olvidó el rol clave de las comunicaciones? Por eso la jugada siguiente al show del sábado fue amarrar a los mejores periodistas pokeros del país: Enrique Galleguillos y Fernando Lobos. Contratándolos, mataba dos pájaros de un tiro: tendría un equipo de primer nivel trabajando a su disposición, pero sobre todo, ambos dejaban de ser una molestia y, tal vez, una amenaza. “Con plata se compran huevos. Sobre todo si son baratos”.

Golpearon la puerta.

- ¿Sí?
- Soy yo.
- Pasa.

Fernando Lobos ingresó a la oficina orgulloso de sí mismo. Vestía ropa nueva y estaba peinado con gomina.

- Toma asiento. ¿Quieres un café?
- No, gracias.
- Cuéntame.
- Un amigo publicará varios artículos sobre el crucero en el Suplemento del Domingo. De hecho, pretende realizar una gran historia, separada en cuatro capítulos y publicar uno por semana.
- Me parece magnífico, una muy buena publicidad –asintió Rojas-. Pero eso debes verlo con Galleguillos.
- Él me dijo que viniera a hablar con usted –Lobos pareció incómodo-. Lo que pasa es que este amigo, que también es periodista, quiere abordar el crucero y tener acceso a toda la información que necesite.
- No veo problema. Dile que tendrá toda nuestra colaboración. Después, llegado el momento, le ayudaremos a comprender que es imposible acceder a lo que nos pide.
- Conozco a mi amigo y no es tan sencillo –explicó Lobos-. Si le fallamos, sentirá pleno derecho a devolvernos la mano.
- ¿Y qué sugieres?
- Aceptamos y cumplimos su oferta, o la rechazamos. No puede haber término medio.
- Imposible. Debemos aprovechar esa publicidad.
- Pero…
- ¡Nada de peros! –golpeó la mesa con la palma de su mano-. Te estoy pagando un sueldo top para que te comportes como un profesional a la altura. Si no eres capaz de controlar a tu amigo, quizás lo mejor sea contratarlo a él. ¿No crees?
- Me haré cargo.
- ¡Muy bien! ¿Algo más?
- Bueno, sí... lo que pasa es que…
- Te escucho.
- Ni siquiera sé si es importante…
- ¡Deja de dar vueltas y habla, hombre por Dios!
- Estaba revisando la lista de inscritos, para ver si encontraba algún nombre interesante… y así fue –señaló Lobos. Al observar la dura expresión del empresario siguió hablando-: Charles Medina aparece registrado.
- Imposible.
- Se lo estoy diciendo. Revíselo usted mismo.

Jorge Rojas encendió el computador y abrió la carpeta del torneo. Efectivamente, en el número 511, aparecía el nombre del detective privado.

- ¡Pero si no tiene dónde caerse muerto!
- Justo le salió un crédito bancario la semana pasada, pero era para pagar sus deudas.
- Tú eres de su círculo más íntimo, deberías manejar esa información.
- No hablamos desde la fiesta del sábado. Después del escándalo, intenté detenerlo y se enojó conmigo –recordó el periodista-. Al día siguiente fui a buscar mis cosas y ni siquiera me dirigió la palabra.
- Da lo mismo. Reconcíliate y averigua lo que quiere. No deseo más problemas, ¿está claro?
- Sí, señor.
- ¿Algo más?
- Necesito tomarme la tarde libre para preparar mi equipaje. Galleguillos dijo que estaba bien, pero que de todas formas le avisara.
- Está bien. Puedes retirarte -cerró Rojas. Sin embargo, Lobos seguía de pie frente a él-. ¿Qué pasa?
- Sólo quería agradecerle esta oportunidad, don Jorge. Le prometo que no se arrepentirá. Trabajaré muy duro.
- Eso espero. Nos vemos a la noche.

Fernando Lobos salió de la oficina. Jorge Rojas se puso de pie y observó un momento por la ventana. Tomó el teléfono y marcó un número interno.

- Aló, ¿Francisca? Necesito que hablemos –la voz del empresario se quebró-. ¡Ahora mismo! No me importa. Sí. En mi oficina. Ven de inmediato.

Martes 30 de noviembre de 2015. 17:00 hrs. Valparaíso.

Jorge Rojas cerró su última maleta y llamó al chófer de su limusina para que lo trasladara al Puerto de Valparaíso. El Giro del River zarparía en cuatro horas más y estaba todo en orden. Lo único que faltaba era abordar el crucero y comenzar con el calendario de competencias, que debutaría el miércoles con las primeras mesas del Evento Principal.

Abordó el vehículo y suspiró contento. Todo estaba en orden. El trayecto entre Viña del Mar y Valparaíso supondría de quince a veinte minutos, por lo que contaba con tiempo suficiente para instalarse y coordinar los últimos detalles de la primera noche, donde la mesa de celebridades acapararía todas las miradas.

Su teléfono comenzó a sonar y contestó. Era Galleguillos.

- ¿Qué pasa?
- Hay problemas.
- Soluciónalos.
- Esto escapa de mis manos. Hay una marcha universitaria y tienen bloqueado el acceso al crucero.
- ¿Pero qué tenemos que ver nosotros con esos muertos de hambre?
- Alegan que con los problemas actuales no hay derecho a un evento como éste. Además, se enteraron de que los impuestos del torneo no se quedarán en Chile. Están indignados.
- Llama a la policía. Unos cuantos golpes y todo volverá a la normalidad.
- Estás bromeando, ¿cierto?
- Por supuesto que no. ¡Hazlo ahora! –gritó, colgando el teléfono.

Se reacomodó en su asiento. Ya no estaba tan contento. ¿Cómo se filtró el tema de los impuestos? Se trataba de información absolutamente confidencial, alguien debió haberla filtrado. “Quizás no fue buena idea confiar en Galleguillos. Estos pelafustanes de izquierda aprovechan cualquier instancia para traicionar”, reflexionó.

El vehículo continuó andando y se internó por calle Errázuriz en dirección a la Aduana, donde aguardaba El Giro del River. Habían decidido que el crucero zarpara desde allí (atrás del Puerto), para ocupar exclusivamente esa zona de desembarco. Sin embargo, jamás se le ocurrió pensar en una manifestación ciudadana.

El auto se detuvo.

- ¿Qué pasa?
- No podemos continuar –respondió el chofer-. El camino está bloqueado.
- ¿Bloqueado?
- Sí. Hay jóvenes cerrando la ruta.
- ¿Dónde estamos?
- Frente al Puerto. Justo en Plaza Sotomayor.
- Caminaré lo que falta. Busca dónde estacionarte y me llevas las maletas.

Se bajó del vehículo y caminó entre la muchedumbre. Casi todos eran jóvenes, pero también había adultos y alguno que otro anciano. Jorge Rojas los miró con desprecio y siguió avanzando.

Justo frente al crucero, al final de calle Errázuriz, se encontraba la mayor aglomeración de personas, donde una enorme cadena humana impedía el acceso al barco.

- ¡Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, esto no es democracia son puras leyes de Pinochet! –gritaban.
- ¿Qué se creen estos rotos de mierda? – murmuró Rojas en voz baja. Luego gritó-: ¡Galleguillos! ¡Galleguillos!
- Aquí estoy –contestó el periodista, acercándose.
- ¿Llamaste a la policía?
- Sí… Vienen en camino.
- ¿Dónde está todo el mundo?
- Casi todos ya abordaron el crucero, incluso el personal. Sólo faltamos nosotros, Lobos con su amigo periodista y casi todos los jugadores locales, incluido Charles Medina.
- ¿Cuántos son?
- Poco más de cincuenta.
- Entremos.
- El acceso está cerrado. Imposible.
- ¿Esperas quedarte acá para cuando llegue el guanaco y los moje a todos con agua con mierda? ¡Vamos!
- Jorge, escúchame. No lo creo conveniente. Si no logramos entrar, haremos el ridículo. Debes cuidar tu imagen pública.
- Y la tuya también, ¿no es así?
- ¿A qué te refieres?
- Tu imagen de rebelde revolucionario no permite que nos enfrentemos al lumpen. Además, alguien filtró el tema de los impuestos.
- ¿Insinúas que fui yo?

Jorge Rojas no alcanzó a responder. Las sirenas policiales se acercaron y al poco rato nuevos protagonistas se sumaban a la escena.

- A la gente se le ruega dispersarse –ordenó una voz por megáfono.
- ¡Educación gratis para todos! –contestó alguien.
- ¡Váyanse a robar a otro lado! –respondió otro.
- ¡Los pacos tienen tetas! –vociferó un tercero.
- Si no obedecen, procederemos a actuar con los guanacos.
- ¡Y cómo, y cómo, y cómo es la weá; la gorda estudió gratis y ahora hay que pagar!

Enrique Galleguillos prendió un cigarro y sonrió.

- No puedes negar que las canciones son ingeniosas.
- No es momento para bromas. Mira, ahí viene el guanaco. ¡Arranquemos!

El agua putrefacta saltó a chorros por la manguera del automóvil blindado, golpeando a los manifestantes. Los gritos de dolor y asco fueron instantáneos. Un pelotón de policías, luma en mano, avanzó hacia la cadena humana. Una dura trifulca comenzó entonces entre manifestantes y el brazo del poder, que como siempre, sacó la mejor parte, golpeando a diestra y siniestra sin discriminación.

- Supongo que no es la publicidad que querías –comentó preocupado Galleguillos-. Deberemos hacer mucho para lavar esta ropa sucia.

(Fin del capitulo).

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